NO hablan exactamente del sembrado, de esos trigos que revientan de verdes y afilan las agujas de sus espigas; ni se refieren solamente a los cultivos; ni a los pinos, ni a los olivos, ni a la dehesa, ni a la vega, ni a los vallados, ni a las veras de los caminos. No; cinco palabras bastan para que todos nos entendamos: «¡Quillo…, comostá er campo…!» Sí, cómo está el campo; qué gloria, qué plenitud, qué hermoso desmadre, qué necesitada exuberancia, qué exageración más bien recibida. Se encuentran los hombres y lo comentan: «¡Si vieras la laguna…!», «El azahar dobla las ramas de los naranjos…», «¡Hay que ver cómo se han puesto las papas…!», «A ver si te acercas al...
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