María Marull: el éxito, el amor y el paso del tiempo

Actriz y directora, habla de la obra teatral que dirige y protagoniza, y de cómo es la vida junto a una gemela que se dedica a lo mismo

Abr 5, 2025 - 04:39
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María Marull: el éxito, el amor y el paso del tiempo

Habla con una serenidad tan especial que cuesta imaginar que detrás de ese tono exista algún tipo de miedo. Pero está, es concreto y potente, y tiene que ver, básicamente, con el terror a desperdiciar capítulos fundamentales; escenas irrepetibles de la vida.

María Marull dice que está cada vez más identificada con el personaje que interpreta en la multipremiada obra Lo que el río hace (escrita, actuada y dirigida por ella y su hermana gemela, Paula) y confiesa cierta obsesión con algunas preguntas sin respuesta, siempre relacionadas con el paso del tiempo y la necesidad de que las cosas duren un poco más.

–En la obra, el celular es la conexión del personaje de Amelia con la maternidad, la casa, el trabajo. Tiene que caer al río para poder desconectar. ¿Fantaseás con un parate obligatorio?

–Todos coincidimos, supongo, con que el celular se ha transformado en un arma de doble filo. Es práctico, casi fundamental, pero también una trampa, porque todo termina desembocando en él. Vivimos con el terror de perderlo o que se descargue. Ahí está el mapa que nos conduce a los lugares, la hora, los recordatorios, las citas. Todo. La obra la escribimos con mi hermana en el año 2019, antes de la pandemia. En ese entonces ya nos estábamos preguntando sobre el tiempo. Supongo que tiene que ver con la edad. Preguntas que aparecen solas.María y Paula Marull en la estancia Santa Elena, de Lujan

–¿Encontraron respuesta?

–No. Continúa esa sensación de que el tiempo vuela. Que de pronto volvemos a decir: ‘Uy, pasó otro año’. Sigue en mi cabeza el pensar cómo podemos hacer para sentir el tiempo. No hablo de detenerlo sino de honrarlo, apreciarlo, disfrutarlo. Tomar otras decisiones para que la vida no pase tan rápido, que las cosas buenas duren un poco más. No hay respuesta. Son preguntas que me sigo haciendo. Me encantaría estar en el territorio de las respuestas y decir que realmente hay que tirar el celular al río. Ojalá uno pudiera hacer lo que hace el personaje. Me siento totalmente identificada con ella.Las Marull sobre el escenario de la multipremiada obra

–Ustedes son rosarinas, pero con esta obra hicieron una oda a Esquina, la ciudad correntina que eligió tu padre para vivir. Logran, además de risas y lágrimas, que se filtre la comparsa en la calle Corrientes...

–Es muy emocionante porque se supone que es un público en su mayoría porteño. Pero es cierto, resulta muy particular que una obra que transcurre en un pueblo, con música chamamé (compuesta por Antonio Tarragó Ros, especialmente para nosotras), tenga la repercusión que tiene, durante tantos años. Es increíble porque hay gente que planea ir a la fiesta del pacú y tengo muchos amigos allá, algunos con hosterías, que reciben visitantes fruto de esta situación. En realidad hay mucho que realmente conmueve. Por empezar las visitas. Así como nos vino a ver Antonio y se emocionó (pensar que papá con su guitara cantaba “María va” y todas sus canciones), también pasaron Teresa Parodi, León Gieco, Fito Páez.

–Siempre en tus obras, además de las locaciones, hay algo autorreferencial. ¿En serio hicieron de Islas Malvinas en la comparsa del carnaval?

–[Risas] ¡Sí! Nosotras pasábamos parte de los veranos en Esquina. Ibamos a ver a nuestras amigas que estaban en las comparsas, algo de locos porque se preparaban todo el año, con unos trajes bordados increíbles. Hasta que un verano, con Paula, nos obsesionamos con participar. Nos encantaba porque era algo muy teatral. Pero bueno, llegamos muy sobre el final, ese año la temática eran las provincias argentinas y ya estaban todas ocupadas. La cosa es que insistimos con hacer algo y encontraron la solución. ¡Hicimos de islas Malvinas! Bikini bastante diminuta, plumas y botas. Fue una cosa de locos y lo que nos divertimos, bueno, no tiene nombre.María y Paula en la comparsa correntina

–Ustedes empezaron como modelos, después hicieron tele, programas de entretenimientos. Y de pronto terminaron en el centro del circuito cultural, con mucho reconocimiento. ¿Sintieron prejuicios al principio?

–Se fue dando todo con tanta naturalidad que no los sentimos, aunque entiendo que alguna gente, algún título en alguna revista, pudo haber puesto el acento en la sorpresa por el camino elegido. La sensación que tengo es que fuimos descubriendo algo que estaba adentro nuestro. Ambas, desde los 11 años, teníamos nuestros cuadernitos donde escribíamos poesías, historias, relatos íntimos. Pero nunca lo tomamos como una vocación y por eso hicimos lo otro, chochas en una primera etapa. Después empezamos a estudiar actuación, dramaturgia, y eso dio sus frutos.

–Y te casaste con Damián Szifron, uno de los directores más reconocidos de la Argentina...

–Claro, pero crecimos juntos, porque nos conocimos en 1997 haciendo tele. Él como productor, aunque ya había hecho unos cortos, y yo como notera. A veces me preguntan el secreto para estar casi una vida juntos, y supongo que, más allá del amor, es compartir una filosofía a la hora de observar el mundo, respetar los tiempos de creación y los deseos personales.Junto a su marido, el reconocido director y guionista Damián Szifron

–Está la trillada fantasía de las hermanas gemelas, se los habrán dicho...

–Millones de veces. Encima empezamos los tres como amigos. No hace falta explicar que podés ser idéntica a otra persona pero que la gente se enamora de otras cosas también: hay una personalidad afín y demás etcéteras [risas].

–Ustedes son muy iguales, incluso en el look.

–Idénticas, aunque los que nos conocen nunca se confunden. Chateamos todo el día, somos mejores amigas, compañeras, las dos tuvimos hijas mujeres. Por supuesto, todas se llevan increíble. Es una bendición poder contar con Paula. Pero volviendo a las similitudes, lo increíble es que tenemos el mismo gusto. Ahora llevamos el pelo igual por la obra, pero sucede que vamos a comprar ropa por separado y volvemos con lo mismo. Y hay que devolver una de las prendas, porque no da.

–¿Y el tema estética? ¿Alguna está más preocupada por detener el tiempo, las arruguitas, las canas?

–Las dos militamos lo natural, así que más allá de una tintura no hacemos nada. Sería tremendo que a una se le dé por los retoques y haga quedar vieja a la otra [risas], qué problemón sería. Deberíamos planear un trato de no traición. Pero la realidad es que tenemos cero problema con la edad. Solo queremos disfrutar y vivir la vida con salud.

–¿En qué creés?

–En todo. Por supuesto primero en Dios. Pero le pido a La Pilarcita, a veces voy a lo del padre Ignacio en Rosario. Le imploro a la gente que ya no está. Pienso que la vida es un milagro y a veces estamos desconectados de eso. Peleamos batallas que no valen la pena. Esto de estar aturdidos es un tema. Tenemos un corazón que está latiendo hace décadas, que no está enchufado a nada, y solo a veces nos damos cuenta.