Los familiares de los alcohólicos, las otras víctimas de la enfermedad: "Me descuidé económica, mental y físicamente"
Tres allegados a personas con alcoholismo relatan a '20minutos' cómo se han enfrentado a esta enfermedad.

Rosa, José y Roberto tienen algo en común. Los tres llegaron a Al-Anon al darse cuenta de que tenían un familiar con alcoholismo, aunque no todos eran conscientes de que necesitaban ayuda para sí mismos. Roberto llegó a la asociación hace un cuarto de siglo al borde de la desesperación: su mujer no paraba de beber y la convivencia se había vuelto insostenible. Rosa, por su parte, lo hizo hace cinco años tras percatarse de que a pesar de poner muros y kilómetros de distancia con el padre de su hijo, ella se sentía peor, tanto física como mentalmente. Y José acudió hace tres años con la idea de buscar remedio para controlar la enfermedad de su familiar. "Yo tenía claro quién estaba enfermo y quién no", admite.
Los tres reciben a 20minutos en una sala ubicada en una parroquia de Madrid, en la que los familiares de personas alcohólicas suelen reunirse una vez a la semana para sanar, compartir y aprender de las experiencias ajenas. Sentados alrededor de una mesa y rodeados de libros que ellos mismos definen como "manuales de instrucciones para funcionar en la vida", los tres narran cómo los ha afectado convivir con un alcohólico. Pero también destacan el giro de 180º que experimentaron cuando llegaron a Al-Anon, una asociación que se dedica desde hace más de 60 años a brindar ayuda —a través de grupos de apoyo— a las personas que tienen familiares con esta enfermedad.
"Busqué ayuda porque mi familia se iba al traste. Los niños tenían 6 y 7 años y llevaban un tiempo conviviendo con el alcoholismo de su madre. Era un caos total", comienza relatando Roberto, de 63 años. Él acudió a un grupo ubicado lejos de su casa porque no quería que nadie lo conociera, no quería sentir "vergüenza". Al llegar, tres mujeres mayores —con las que él no se sentía identificado— le dijeron que uno de los primeros pasos que debía dar era empezar a reflexionar sobre las tres 'C': "No lo curo, no lo causo y no lo controlo". Sin embargo, él pensaba que todas las dominaba muy bien. También le hicieron ver que no podían hacer nada para que su mujer parara de beber, aunque sí podían lograr que él y sus hijos estuvieran más tranquilos.
En ese momento la pregunta "¿qué hago aquí?" comenzó a retumbar en su cabeza. Roberto salió de la sala y no volvió. Pero dos meses después la situación con su mujer empeoró, por lo que decidió asistir a un grupo para principiantes con el que sí se sintió más identificado. Mientras tanto su mujer continuaba bebiendo cada día más. "Yo no seguía asistiendo por convencimiento, sino porque mis hijos me decían que cuando volvía de las reuniones lo hacía mucho más tranquilo", afirma Roberto. Con el paso del tiempo eso cambió y a pesar de que su mujer dejó de beber hace 21 años él continúa asistiendo a las reuniones porque le hacen bien y le permiten ayudar a otros.
"Mi mujer dejó de beber cuando a ella le dio la gana, no cuando yo lo quise. Yo había venido a Al-Anon con la idea de separarme porque ya no podía convivir con ella, pero aquellas tres señoras me dijeron que si había podido vivir años sin saber cómo tratarla que me esperara un poco", continúa relatando Roberto, que decidió seguir el consejo a pesar de lo que eso suponía. "Mi mujer pasaba días sin aparecer por casa, era muy angustioso, sobre todo cuando mi hijo me decía: '¿qué sabemos de mamá?' Ahí me hundía porque no podía mentirle ni tampoco explicarle bien la verdad", sostiene.
El caso de Rosa, de 46 años, fue distinto. Ella acudió a Al-Anon después de haberse separado del padre de su hijo porque a pesar de la distancia ella continuaba empeorando. "El alcohólico vive con la falsa creencia de que un día podrá controlar lo que bebe y todo familiar cree que va a estar bien cuando el alcohólico deje de consumir, pero no es así", indica esta madre, que se sintió afectada por la forma de beber de su entonces pareja poco después de que empezó a convivir con él. "Yo no sabía si él era alcohólico porque nos movíamos en un ambiente de artistas y eventos sociales, donde beber era lo normal. Me tachaba a mí misma de poco tolerante".
"No sabía que el alcoholismo era una enfermedad, pensaba que era algo de fuerza de voluntad. Creía que el amor todo lo podía, que si tenías un hijo la otra persona iba a dejar de beber", dice Rosa y como consecuencia su salud comenzó a deteriorarse. "Me descuidé económica, mental y físicamente, hasta el punto de acabar teniendo un cáncer. Y aún así mi pareja no podía ver que era alcohólica y yo no podía ver que tenía una enfermedad muy grave que me podía matar", confiesa. Y añade que, al igual que un alcohólico, también "tocó fondo" y pidió ayuda en Al-Anon.
"La fuerza que no tienes te la dan personas que no te conocen de nada"
"Al llegar me sorprendió la alegría de la gente porque yo estaba desesperada. La sintomatología que presentaba era tristeza profunda, ansiedad, depresión, angustia, vergüenza, culpa, ira y un miedo aterrador", explica Rosa. No obstante, indica que al acudir al grupo de apoyo su vida cambió por completo. "La fuerza que no tienes te la dan personas que no te conocen de nada y el valor que no tienes, porque estás muerto de miedo, te lo da la sabiduría y la experiencia de personas que ya han pasado por lo mismo".
Y añade que también tienen la suerte de contar con bastante literatura que les ayuda a saber cómo actuar no solo ante el alcoholismo sino ante problemas como la pérdida de un empleo o la relación con los hijos. "Pocas personas tienen manuales de instrucciones para funcionar en la vida y nosotros somos de esos afortunados", sostiene. Además, señala que la asociación le ha proporcionado herramientas para gestionar sus pérdidas y emociones. "No puedo estar feliz con una realidad tan dura, pero sí puedo elegir cómo vivir mi vida. Al-Anon me ha enseñado a poner límites por amor a mí misma y a aceptar las cosas como son. Yo no trato de cambiar al padre de mi hijo, pero sí me cuido y cuido a mi hijo".
La situación de José, de 68 años, también fue completamente diferente. Él acudió a la asociación porque buscaba un remedio para curar a su familiar del alcoholismo o al menos controlarlo. Pero se sorprendió al darse cuenta de que él también tenía que cambiar y aprender cómo comportarse y enfrentar la situación. "Poco a poco fui entendiendo que esta enfermedad crónica no es solamente del paciente, ya que también afecta a su entorno", indica José, para quien el alcoholismo era un vicio. "Yo no entendía por qué mi familiar había caído en tal cosa. Pero después comprendí que, al final, los alcohólicos no consumen por placer sino para no sufrir y para huir de su ansiedad".
José considera que el alcoholismo es un "carrusel" de negación. Y reconoce que su familiar comenzó a aceptar su enfermedad después de que él aprendió en la asociación cómo enfrentarse a ella. "Eso fue fundamental para que hace no mucho él expresara francamente que necesitaba ayuda de profesionales", expresa. Y agrega que las reuniones con otros familiares lo han ayudado a serenarse y a vivir mucho mejor.
Para estos familiares acabar con los prejuicios entorno al alcoholismo y que la sociedad lo perciba como una enfermedad sería un gran logro, así como también acabar con los estereotipos. "El alcoholismo está muy estigmatizado, muy maldecido, y eso hace que los familiares nos sintamos avergonzados", opina José. "Me gustaría que se pudiera quitar de una vez el mito del alcohólico tirado en el banco con el tetra brik", estima Roberto y agrega que si la sociedad se diera cuenta de que cualquier persona puede caer en las "garras" del alcohol estaría más concienciada.
Acudir a Al-Anon
Al-Anon nació en EEUU y llegó a España en 1963, donde actualmente hay cerca de 200 grupos de apoyo repartidos por toda la geografía, incluyendo Baleares y Canarias. "En los grupos de ayuda mutua nos recuperamos a través de un programa de 12 pasos cedido por alcohólicos anónimos y adaptado a los familiares", indica en conversación telefónica con este medio, Mari Carmen, directora de la asociación. Además, sostiene que con la ayuda de la literatura que emplean en las reuniones los familiares pueden llegar a vivir bien independientemente de cómo esté la persona con alcoholismo. "Aquí aprendes a pensar y luego a actuar".