Los cambios en el paso de la Virgen de los Dolores de Córdoba a lo largo de un siglo
Inmutable, eterna, personal, inconfundible. Todo eso se dice la estética de Nuestra Señora de los Dolores en la calle. Un canon exclusivo, como se dijo de Ella. La presencia de la Señora de Córdoba no tiene comparación posible con ninguna otra imagen por los rasgos tan personales, tanto en su forma de vestir y de disponerse como también por su paso. Pero, como siempre, hay evolución. El archivo de ABC conserva una imagen que cumple este año un siglo. Se tomó en el año 1925, por el fotógrafo Santos y sirve para recorrer una centuria en la presencia de la Virgen en la calle. Ya era para entonces la devoción mariana más importante de la ciudad. Nuestra Señora de los Dolores aparece junto a la puerta de la iglesia de San Jacinto el Viernes Santo de 1925, rodeada de nazarenos que se dirigen hacia la calle Bailío para incorporarse a la procesión oficial del Santo Entierro. La hermandad tenía entonces un solo paso, pero no era el Viernes Santo su único día. Desde el siglo XIX, la Señora salía en algunas ocasiones el Domingo de Ramos , que había sido el día tradicional de su congregación servita hasta el siglo XIX. Lo hacía, desde 1897, con el manto de las Palomas y la saya roja, el revolucionario conjunto que concibió Ángel Redel . La fotografía es del Viernes Santo y ya tiene el manto negro llamado de Pasión o de los dragones , que se había estrenado en 1923. Salvo muy contadas excepciones, es el que siempre ha llevado el Viernes Santo. Sí cambia la saya, que en esta ocasión es la que se hizo a juego para el manto. Más novedades tiene la disposición en el paso. Es uno de madera tallada, porque los pasos metálicos no llegaron a la Semana Santa de Córdoba hasta 1931, cuando Fernando Seco hizo el de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad. Va la Virgen sobre su peana del siglo XVIII, igual que hoy, pero lo que más ha variado es la iluminación. En el frontal del paso hay dos tandas de candeleros con velas, pero son distintos a los que hoy llevan los pasos de palio, con una base más ancha en la zona media. De igual forma, el paso se ilumina casi como uno de gloria: igual que hay lo que ahora se llaman candelabros de cola, hay también piezas similares en las esquinas delanteras . Otro detalle importante son dos candelabros de guardabrisas que están sobre la peana, casi a la altura de las manos de la Virgen. Entre ellos hay otras cuatro piezas de este tipo. En algunos años, según otras imágenes del archivo, llevó también una guirnalda vegetal y de flores en el frontal, algo frecuente en muchos pasos de la ciudad en aquellos años. Era un tiempo en que no había pasos de palio en la Semana Santa de Córdoba. El reglamento del obispo Trevilla los había prohibido y se había seguido a pies juntillas. La Virgen de los Dolores fue bajo palio en ciertos momentos del siglo XIX, pero fueron pocos años. Todavía se conserva una peana de aquel trono y los varales. El siguiente paso en la evolución estética está en 1937. En aquel año se estrenó el paso de plata que había labrado el orfebre cordobés Emilio García Armenta , que pronto se marchó a Sevilla. Y en ese mismo año regresaron los palios a la Semana Santa de Córdoba. Estrenó la Virgen de las Angustias el suyo y pronto llegarían el del Calvario (primero con la Nazarena) y muchos más, sobre todo desde 1950. El de la Virgen de los Dolores no es un paso sin palio, sino, como dijo Pablo García Baena , el de una Soledad, porque representaba este misterio en la procesión oficial del Santo Entierro, pero su configuración tiene elementos en común. Hasta bien entrada la posguerra la Virgen de los Dolores combinó la candelería con las tulipas y los candelabros delanteros, pero estos últimos desaparecerían entre los últimos años 40 y los primeros 50. La candelería estaba bastante poblada, pero no siempre llevaba calle central, como es lo habitual. Fue lo único que cambió: la estampa enjoyada, las vueltas del manto hacia afuera, para dar luminosidad, el rostrillo y el corazón traspasado formaron siempre parte de su estética. A la coronación canónica, el 9 de mayo de 1965, la Virgen de los Dolores acudió con su candelería de entonces, también de piezas de un grosor distinto al habitual, y también con las tulipas sobre la peana, casi a la altura de las manos. Las había lagrado Angulo en Lucena. Eso sí, tampoco sería definitiva. Las tulipas desaparecieron entre las décadas de 1970 y 1980, cuando la Semana Santa de Córdoba empezaba a buscar nuevos aires, y por aquel entonces ya se empezaba a hablar de una cuadrilla de costaleros para llevar a la Señora. Debutó en 1983. En 1990 se cambió la candelería por una que en parte recordaba a la anterior, y que labró Juan Angulo Servián. Llegó así la imagen a finales del siglo XXI sobre su peana del siglo XVIII, apenas visible, con una candelería delante y desde 1993 una imagen de San Rafael en el frontal, justo separando los dos tramos de la candelería. Pero nunca faltaron las búsquedas en esos años. En 2001 se presentó sin calle central y con los candela
Inmutable, eterna, personal, inconfundible. Todo eso se dice la estética de Nuestra Señora de los Dolores en la calle. Un canon exclusivo, como se dijo de Ella. La presencia de la Señora de Córdoba no tiene comparación posible con ninguna otra imagen por los rasgos tan personales, tanto en su forma de vestir y de disponerse como también por su paso. Pero, como siempre, hay evolución. El archivo de ABC conserva una imagen que cumple este año un siglo. Se tomó en el año 1925, por el fotógrafo Santos y sirve para recorrer una centuria en la presencia de la Virgen en la calle. Ya era para entonces la devoción mariana más importante de la ciudad. Nuestra Señora de los Dolores aparece junto a la puerta de la iglesia de San Jacinto el Viernes Santo de 1925, rodeada de nazarenos que se dirigen hacia la calle Bailío para incorporarse a la procesión oficial del Santo Entierro. La hermandad tenía entonces un solo paso, pero no era el Viernes Santo su único día. Desde el siglo XIX, la Señora salía en algunas ocasiones el Domingo de Ramos , que había sido el día tradicional de su congregación servita hasta el siglo XIX. Lo hacía, desde 1897, con el manto de las Palomas y la saya roja, el revolucionario conjunto que concibió Ángel Redel . La fotografía es del Viernes Santo y ya tiene el manto negro llamado de Pasión o de los dragones , que se había estrenado en 1923. Salvo muy contadas excepciones, es el que siempre ha llevado el Viernes Santo. Sí cambia la saya, que en esta ocasión es la que se hizo a juego para el manto. Más novedades tiene la disposición en el paso. Es uno de madera tallada, porque los pasos metálicos no llegaron a la Semana Santa de Córdoba hasta 1931, cuando Fernando Seco hizo el de la Virgen del Mayor Dolor en su Soledad. Va la Virgen sobre su peana del siglo XVIII, igual que hoy, pero lo que más ha variado es la iluminación. En el frontal del paso hay dos tandas de candeleros con velas, pero son distintos a los que hoy llevan los pasos de palio, con una base más ancha en la zona media. De igual forma, el paso se ilumina casi como uno de gloria: igual que hay lo que ahora se llaman candelabros de cola, hay también piezas similares en las esquinas delanteras . Otro detalle importante son dos candelabros de guardabrisas que están sobre la peana, casi a la altura de las manos de la Virgen. Entre ellos hay otras cuatro piezas de este tipo. En algunos años, según otras imágenes del archivo, llevó también una guirnalda vegetal y de flores en el frontal, algo frecuente en muchos pasos de la ciudad en aquellos años. Era un tiempo en que no había pasos de palio en la Semana Santa de Córdoba. El reglamento del obispo Trevilla los había prohibido y se había seguido a pies juntillas. La Virgen de los Dolores fue bajo palio en ciertos momentos del siglo XIX, pero fueron pocos años. Todavía se conserva una peana de aquel trono y los varales. El siguiente paso en la evolución estética está en 1937. En aquel año se estrenó el paso de plata que había labrado el orfebre cordobés Emilio García Armenta , que pronto se marchó a Sevilla. Y en ese mismo año regresaron los palios a la Semana Santa de Córdoba. Estrenó la Virgen de las Angustias el suyo y pronto llegarían el del Calvario (primero con la Nazarena) y muchos más, sobre todo desde 1950. El de la Virgen de los Dolores no es un paso sin palio, sino, como dijo Pablo García Baena , el de una Soledad, porque representaba este misterio en la procesión oficial del Santo Entierro, pero su configuración tiene elementos en común. Hasta bien entrada la posguerra la Virgen de los Dolores combinó la candelería con las tulipas y los candelabros delanteros, pero estos últimos desaparecerían entre los últimos años 40 y los primeros 50. La candelería estaba bastante poblada, pero no siempre llevaba calle central, como es lo habitual. Fue lo único que cambió: la estampa enjoyada, las vueltas del manto hacia afuera, para dar luminosidad, el rostrillo y el corazón traspasado formaron siempre parte de su estética. A la coronación canónica, el 9 de mayo de 1965, la Virgen de los Dolores acudió con su candelería de entonces, también de piezas de un grosor distinto al habitual, y también con las tulipas sobre la peana, casi a la altura de las manos. Las había lagrado Angulo en Lucena. Eso sí, tampoco sería definitiva. Las tulipas desaparecieron entre las décadas de 1970 y 1980, cuando la Semana Santa de Córdoba empezaba a buscar nuevos aires, y por aquel entonces ya se empezaba a hablar de una cuadrilla de costaleros para llevar a la Señora. Debutó en 1983. En 1990 se cambió la candelería por una que en parte recordaba a la anterior, y que labró Juan Angulo Servián. Llegó así la imagen a finales del siglo XXI sobre su peana del siglo XVIII, apenas visible, con una candelería delante y desde 1993 una imagen de San Rafael en el frontal, justo separando los dos tramos de la candelería. Pero nunca faltaron las búsquedas en esos años. En 2001 se presentó sin calle central y con los candelabros de cola justo en el centro de los respiraderos laterales. Así hasta el Viernes Santo de 2015, cuando la cofradía sorprendió con una nueva disposición. La candelería dejaría a la vista el centro de la peana barroca, con su medallón labrado, y se recuperarían las tulipas a la altura de las manos, sobre las cornucopias con ángeles que habían sido históricas. Así continuó en los años siguientes, tanto en ocasiones ordinarias como extraordinarias: con una composición algo más piramidal , pero ya diferente de la de un palio convencional, que nunca llevó. Al cabo de un siglo, en parte volvió a los orígenes de una estética que nunca copió de nadie.
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