Diez años sin rastro de Francisco Bonilla en Cabra
Francisco Bonilla Chacón fue visto por última vez en su vivienda de Cabra la tarde del 13 de abril de 2015 . Desde entonces, no se ha vuelto a saber nada de él. Tenía 68 años, llevaba un año jubilado y le gustaba pasar las tardes solo debajo del caqui que tenía en su casa. Vivía con su hermano Vicente, que trabajaba en la Cooperativa Olivarera Virgen de la Sierra. Ese día de abril, como todos los demás, almorzaron juntos y Vicente se marchó al trabajo. Cuando volvió, ya por la noche, Francisco no estaba en casa, pero sí sus gafas de ver y su gorrilla, ambos característicos de su atuendo y sin los que Francisco —o Kiki, como lo conocían todos— no acostumbraba a ir. Llamaron al ambulatorio y a los hospitales, pero no había nadie con esas características; fueron a su olivar, a unos cuatro kilómetros de su casa, por si se había caído; buscaron por la zona sin éxito ninguno, y así hasta hoy. La familia descarta que se fuese por su propio pie y también que se desorientase, pues era una persona apegada a sus seres queridos y que no padecía ninguna enfermedad que pudiese haberle hecho perder la memoria. Una vez puesta la denuncia y con la investigación en marcha, podemos establecer dos hechos relevantes que ocurrieron esa tarde de abril. En primer lugar, una vecina de Francisco lo vio hablando con dos personas vestidas de azul, algo inusual pues él no acostumbraba a tener visitas, y a las que nunca se pudo identificar. Interrogaron e investigaron a varios sospechosos sin éxito, incluido un vecino con el que la familia de Francisco y él mismo ya habían tenido varias confrontaciones. Por otro lado, hubo en Cabra esa misma tarde una alerta de incendio en la higuera cercana a la vivienda de Francisco . Desafortunadamente al día siguiente llovió, por lo que la policía no pudo determinar si había o no conexión con el caso. Aunque la principal responsable de la investigación era la Policía Nacional, que trabajaba bajo secreto de sumario, la Policía Local de Cabra era la encargada de las batidas de búsqueda organizadas. La respuesta del pueblo fue muy destacable: en las primeras búsquedas podía haber más de 200 personas colaborando a la vez. Durante los dos meses siguientes se rastrearon aproximadamente 23 metros cuadrados repartidos en pozos, caminos, las inmediaciones de su finca y de su huerta, la ribera del río, los cerros de la Camorra, la Atalaya , la Sierra de Cabra… La Corporación municipal solicitó a la Policía Nacional todos los medios disponibles para llevar a cabo estas búsquedas , en las que se incluyeron perros para el rastreo y medios aéreos como un helicóptero para terrenos más amplios. Junto con los voluntarios y la Policía Local también participaron en las batidas la Guardia Civil, Protección Civil, bomberos del Consorcio Provincial, clubes de ciclismo de montaña e incluso jinetes para las zonas menos accesibles. A día de hoy, la investigación por la desaparición de Francisco está estancada, sin un hilo del que tirar pero con muchas preguntas aún por responder. «La Policía es reservada, siempre nos han dicho lo mismo, nunca han dado novedades», declara un familiar, que lamenta que el caso no haya apenas avanzado en una década. El Ayuntamiento de Cabra ha reafirmado en varias ocasiones su compromiso con esta investigación, con un acto en honor de Francisco cada 9 de marzo —Día de las Personas Desaparecidas sin Causa Aparente en España— y con reuniones periódicas con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para estar al tanto de las novedades. A pesar de todos los intentos por reanimar esta investigación y la falta de una resolución clara del caso, Francisco Bonilla Chacón será declarado fallecido diez años después de su desaparición. Diez años que concluyen con un final amargo para un pueblo y una familia que lo siguen esperando, con el caqui en el que pasaba las tardes Francisco todavía en pie, preguntándose quién lo hizo y por qué.
Francisco Bonilla Chacón fue visto por última vez en su vivienda de Cabra la tarde del 13 de abril de 2015 . Desde entonces, no se ha vuelto a saber nada de él. Tenía 68 años, llevaba un año jubilado y le gustaba pasar las tardes solo debajo del caqui que tenía en su casa. Vivía con su hermano Vicente, que trabajaba en la Cooperativa Olivarera Virgen de la Sierra. Ese día de abril, como todos los demás, almorzaron juntos y Vicente se marchó al trabajo. Cuando volvió, ya por la noche, Francisco no estaba en casa, pero sí sus gafas de ver y su gorrilla, ambos característicos de su atuendo y sin los que Francisco —o Kiki, como lo conocían todos— no acostumbraba a ir. Llamaron al ambulatorio y a los hospitales, pero no había nadie con esas características; fueron a su olivar, a unos cuatro kilómetros de su casa, por si se había caído; buscaron por la zona sin éxito ninguno, y así hasta hoy. La familia descarta que se fuese por su propio pie y también que se desorientase, pues era una persona apegada a sus seres queridos y que no padecía ninguna enfermedad que pudiese haberle hecho perder la memoria. Una vez puesta la denuncia y con la investigación en marcha, podemos establecer dos hechos relevantes que ocurrieron esa tarde de abril. En primer lugar, una vecina de Francisco lo vio hablando con dos personas vestidas de azul, algo inusual pues él no acostumbraba a tener visitas, y a las que nunca se pudo identificar. Interrogaron e investigaron a varios sospechosos sin éxito, incluido un vecino con el que la familia de Francisco y él mismo ya habían tenido varias confrontaciones. Por otro lado, hubo en Cabra esa misma tarde una alerta de incendio en la higuera cercana a la vivienda de Francisco . Desafortunadamente al día siguiente llovió, por lo que la policía no pudo determinar si había o no conexión con el caso. Aunque la principal responsable de la investigación era la Policía Nacional, que trabajaba bajo secreto de sumario, la Policía Local de Cabra era la encargada de las batidas de búsqueda organizadas. La respuesta del pueblo fue muy destacable: en las primeras búsquedas podía haber más de 200 personas colaborando a la vez. Durante los dos meses siguientes se rastrearon aproximadamente 23 metros cuadrados repartidos en pozos, caminos, las inmediaciones de su finca y de su huerta, la ribera del río, los cerros de la Camorra, la Atalaya , la Sierra de Cabra… La Corporación municipal solicitó a la Policía Nacional todos los medios disponibles para llevar a cabo estas búsquedas , en las que se incluyeron perros para el rastreo y medios aéreos como un helicóptero para terrenos más amplios. Junto con los voluntarios y la Policía Local también participaron en las batidas la Guardia Civil, Protección Civil, bomberos del Consorcio Provincial, clubes de ciclismo de montaña e incluso jinetes para las zonas menos accesibles. A día de hoy, la investigación por la desaparición de Francisco está estancada, sin un hilo del que tirar pero con muchas preguntas aún por responder. «La Policía es reservada, siempre nos han dicho lo mismo, nunca han dado novedades», declara un familiar, que lamenta que el caso no haya apenas avanzado en una década. El Ayuntamiento de Cabra ha reafirmado en varias ocasiones su compromiso con esta investigación, con un acto en honor de Francisco cada 9 de marzo —Día de las Personas Desaparecidas sin Causa Aparente en España— y con reuniones periódicas con las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado para estar al tanto de las novedades. A pesar de todos los intentos por reanimar esta investigación y la falta de una resolución clara del caso, Francisco Bonilla Chacón será declarado fallecido diez años después de su desaparición. Diez años que concluyen con un final amargo para un pueblo y una familia que lo siguen esperando, con el caqui en el que pasaba las tardes Francisco todavía en pie, preguntándose quién lo hizo y por qué.
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