La vacuna contra el herpes zóster puede reducir el riesgo de demencia, según un estudio
Una política de vacunación fuera de lo común en Gales ha revelado que las personas vacunadas contra la infección vírica tienen probabilidades significativamente menores de padecer el trastorno neurodegenerativo.

Una inusual política de salud pública en Gales hace más de diez años se ha convertido en la evidencia más sólida hasta ahora de que una vacuna contra el virus del herpes zóster puede reducir el riesgo de demencia.
Así se desprende de un estudio dirigido por la facultad de medicina de Stanford (Estados Unidos) y publicado el año pasado en la prestigiosa revista especializada Nature, que ha elaborado un análisis de los registros de salud de los adultos mayores en la nación británica y ha concluido que aquellos que recibieron ese suero en determinados años tuvieron hasta un 20% menos de probabilidades de desarrollar demencia en los años siguientes que aquellos a quienes no se administró la vacuna.
La hipótesis de los virus y la demencia
Estos resultados, reportados también por la agencia de noticias SINC, apoyan una hipótesis emergente pero cada vez más apoyada en la comunidad científica que propone que algunos virus que afectan al sistema nervioso podrían aumentar el riesgo de las personas de desarrollar demencia. No sólo eso, sino que, de confirmarse, estos hallazgos implicarían que ciertos programas de vacunación pueden ser una intervención efectiva para reducir la incidencia de la demencia de manera importante.
Ya había algunos estudios previos que habían vinculado la vacuna contra el herpes zóster con reducciones en la tasa de demencia. Sin embargo, adolecían de un sesgo importante: quienes reciben la vacuna, normalmente, tienden a ser más conscientes de su propia salud de maneras difícilmente documentables pero que pueden incidir de manera importante en el riesgo de padecer demencia.
En este caso, no obstante, los autores encontraron un caso idóneo para estudiar la asociación de la vacuna con la demencia: el programa de vacunación contra el herpes zóster con una forma atenuada del virus que se inició en Gales en 2013.
Una pequeña diferencia en edad, factor determinante
El herpes zóster es una enfermedad que se produce por la reactivación de un virus que permanece latente en nuestro cuerpo, el de la varicela-zóster, después de una infección inicial (que normalmente provoca el cuadro clínico que conocemos como varicela). En este caso, afecta a los nervios periféricos (neuropatía gangliorradicular) y a la piel, donde puede producir pequeñas ampollas dolorosas en forma de anillo agrupadas a lo largo de un dermatoma (un área de la piel que está inervada por un único nervio raquídeo y su ganglio espinal). Esta reactivación se produce, sobre todo, en personas inmunodeprimidas o mayores, con lo que éstas constituyen un objetivo preferente de las campañas de vacunación.
En aquel año, el pequeño país de Gran Bretaña enfrentaba problemas en el suministro del suero, por lo que estableció una política bastante inusual. Cualquier persona que tuviera 79 años a uno de septiembre de 2013 era candidata a la vacuna durante un año; las personas que tuvieran 78, pasarían a serlo al año siguiente también durante un año y así sucesivamente. Por el contrario, las que tuvieran 80 años o más no serían elegibles nunca.
Esto implicaba que una diferencia muy pequeña en edad era la que determinaba el acceso a la vacuna de las personas. Por eso, comparar a quienes cumplieron 80 años justo antes del 1 de septiembre de 2013 con aquellas que los cumplieron justo después permitió a los autores hacerse una imagen muy precisa de la asociación entre la vacuna y el riesgo de demencia. Para facilitar aún más la tarea, estos datos estaban fielmente reflejados en los registros de salud del país.
Un 20% menos de riesgo
De este modo, estos investigadores examinaron la información recopilada en estos registros de más de un cuarto de millón de personas que tenían entre 71 y 88 años y no tenían un diagnóstico de demencia al inicio del peculiar programa de vacunación, centrándose especialmente en aquellos más cercanos por cualquiera de los dos lados al umbral de elegibilidad. La idea es que aquellos que cumplieron 80 años una semana antes debían ser una población muy similar a los que cumplieron una semana después, y que proporciones equivalentes de ellos querrían recibir la vacuna a pesar de que sólo el primer grupo pudiera hacerlo.
Así, tras tener en cuenta las tasas reales de vacunación y realizar un seguimiento de los casos de demencia se observaron que los vacunados tenían un 20% menos de riesgo de recibir un diagnóstico de la enfermedad neurodegenerativa en los siete años posteriores que aquellos que no estaban vacunados. El resultado, incluso, soportó la toma en consideración de otras variables (como el nivel de estudios) que en realidad vinieron a confirmar la homogeneidad de la población elegible y la no elegible.
Por ejemplo, comprobaron que los elegibles no eran más propensos a recibir otras vacunas o intervenciones preventivas, ni tenían más probabilidades de tener diagnósticos de otras enfermedades crónicas comunes como diabetes, enfermedad cardíaca o cáncer. La única reducción que se observó fue en la tasa de incidencia de la demencia.
Nuevas líneas de investigación abiertas
Ahora, son varias las líneas de investigación que quedan abiertas a partir de este punto. Por ejemplo, el estudio arrojó también que la protección de la vacuna del herpes zóster frente a la demencia era mayor en las mujeres que en los hombres; también, resta por ver si las versiones posteriores de la vacuna, que son más efectivas, tienen un efecto similar o mayor al que tiene el suero estudiado en este caso.
De cualquier manera, a medida que se profundice en esta cuestión podría encontrarse al menos que la vacunación contra el herpes zóster en los adultos mayores es una estrategia preventiva efectiva y ya disponible contra la demencia, en un contexto de envejecimiento poblacional y aumento de la incidencia de la demencia en muchos países como los europeos.
Por ahora, hay que señalar que los estudios estadísticos no son definitivos a la hora de confirmar estos efectos de la vacuna, por lo que todavía deberán llevarse a cabo ensayos clínicos aleatorizados para terminar de demostrar este poder protector y para observar de qué manera la vacunación afecta a la función cognitiva.
Referencias
Maxime Taquet, Quentin Dercon, John A. Todd & Paul J. Harrison. The recombinant shingles vaccine is associated with lower risk of dementia. Nature Medicine (2024). DOI: https://doi.org/10.1038/s41591-024-03201-5
SINC (2025). La vacuna contra el herpes zóster podría reducir el riesgo de demencia. Consultado online en https://www.agenciasinc.es/Noticias/La-vacuna-contra-el-herpes-zoster-podria-reducir-el-riesgo-de-demencia el 02 de abril de 2025.

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