La obra siamesa, una potente propuesta Laura Sbdar atravesada por la idea del doble
Los actores Nicolás Goldschmidt y Laura Nevole se convierten en piezas troncales de esta ajustada y perturbadora maquinaria escénica que se presenta en Fundación Cazadores

La obra siamesa. Dramaturgia: Laura Sbdar. Intérpretes: Nicolás Goldschmidt y Laura Nevole. Vestuario: Leonel Elizondo. Iluminación: Fernando Chacoma. Asistencia de dirección: Elisa Carli. Dirección: Laura Sbdar. Teatro: Fundación Cazadores. Funciones: sábados a las 21.30. Duración: 60 minutos. Nuestra opinión: buena.
En escena de La obra siamesa, dos artistas reconocidos del difuso universo de la vanguardia cuentan apasionadamente de una performance que están desarrollando sobre la división de dos siameses basándose en el mito de Salomón. En medio de referencias bíblicas, en un plano mucho más mundano la idea es filmar la previa al parto desde el traslado en la ambulancia al hospital, la llegada al quirófano, sumar testimonios del cirujano como de las enfermeras hasta el momento del nacimiento y posterior corte para separar aquello que nació junto. Claro que estos dos artistas del mapa de las artes performáticas son pareja y padres primerizos. En el proceso del embarazo descubren que no tendrán un hijo o una hija, sino dos. En el momento de dar a la luz primero sale la nena y, detrás, su hermanito. En ese parto también nace la idea de performances. Desde ese momento, una capa y la otra se tornan inseparables, como si estuvieran unidas por un campo minado de fuerzas en tensión permanente.
Durante 60 minutos, el juego de los dobles es troncal. Los gemelos en cuestión son criados por un padre que piensa en la autonomía de la obra artística frente a una madre que se centra en ellos y que sabe que el intento de separarlos puede implicar la muerte de alguno de los dos hijos. No solo eso: también podría implicar el enterrar la idea de esa acción performática o generar un golpe de efecto mediático para que siga girando por los lugares reconocidos dentro del mundillo de las vanguardias. La obra siamesa tiene algo de una obra (la de ellos como padres de esos gemelos) dentro de otra (la de ellos mismos, como artistas performáticos) atravesados por reflexiones, gestos irónicos de efectivo humor y sentimientos de vida que conforman un mismo cuerpo. Es posible pensar a esta obra como un montaje que contiene a su propio desmontaje que lo pone en crisis. En esta neológica el momento de un parto se articula con el diseccionar las parte de un cuerpo como si estuviera muerto. Pero nada está muerto acá, todo está en tensión latente. En medio de esas fuerzas cruzadas los hermanos siameses aunque son troncales en todas estas capas, no aparecen en escena. O sí: en un momento aparece la voz de ellos leyendo una carta como si fueran, salomónicamente, una misma voz.
Laura Sbdar, en su doble rol de dramaturga y directora, es la responsable de esta especie de thriller psicológico en el que se conviven distintos planos permanentemente. La joven y talentosa creadora es la misma que estrenó hace unos años Ametralladora, aquel trabajo tan mágico como perturbador; y Turba, otro arrasador texto suyo que llevó a escena Alejandra Flechner. En este oportunidad los aliados son el actor Nicolás Goldschmidt, el mismo que desplegaba un trabajo soberbio en Ametralladora; y la actriz Laura Nevole, la que formó parte de las inquietante propuesta de Lucía Seles.
Con extrema fluidez interna, él compone a ese artista un tanto soberbio, irónico, de un ego exacerbado y cierta faceta un tanto machirula que le impide conectarse con la realidad de sus hijos siameses como la de su pareja. A Nevole le toca ese personaje que se debate entre aquella faceta aspiracional de ser una referente en el mundillo del arte y su realidad de madre, de compañera de un hombre al que, por momentos, no reconoce. En el juego del doble hay varios espejos rotos. Los diversos planos dramatúrgicos encuentran perfecta sintonía con la multiplicidad de voces, gestualidades, intensidades que despliegan estos dos magníficos intérpretes guiados con maestría por la misma Laura Sbdar. En escena ofician de una única, ajustada y potente maquinaria de actuación que todo lo puede. En sintonía con el texto y las actuaciones, el diseño del vestuario de Leonel Elizondo es otro de los puntos troncales de esta inquietante propuesta de Laura Sbdar.
A lo sumo, el uso del despojado espacio escénico de Fundación Cazadores no logra empatar al acertado nivel de ese texto y de esas dos actuaciones. Hay dos escenas que transcurren a nivel de piso que son un tanto complejas de divisar. Seguramente, cuando el mes próximo La obra siamesa pase de Fundación Cazadores a Arthaus allí tenga la posibilidad de ajustar el uso del espacio escénico como la misma creadora lo demostró con tanta firmeza en un trabajo anterior.