La izquierda divide Italia con su deseo de que los hijos solo reciban el apellido materno
En un país donde el 95% de los hijos heredan automáticamente el apellido paterno, una propuesta legislativa ha desatado un vendaval político, con indignación de la derecha. Dario Franceschini, senador del Partido Democrático, izquierda, exministro de Cultura, presentará en los próximos días un proyecto de ley para que los recién nacidos lleven exclusivamente el apellido de la madre. La iniciativa, que él define como un «acto de justicia histórica para compensar a las mujeres», ha reabierto heridas culturales y enfrentado a una Italia dividida entre progresismo y conservadurismo. Franceschini, durante muchos años una figura clave en el poder y en la oposición, argumenta que asignar el apellido materno corrige una desigualdad arraigada: «Durante siglos, los hijos llevaron el apellido del padre, una práctica que no solo tuvo valor simbólico, sino que fue fuente de disparidad de género». Su propuesta llega tres años después de que el Tribunal Constitucional declarara inconstitucional la norma que impedía a los padres registrar a sus hijos con el apellido materno. En 2022 el Tribunal Constitucional italiano dictaminó que la práctica de asignar automáticamente el apellido paterno a los hijos era «discriminatoria y lesiva» para su identidad. La Corte estableció que los niños deberían llevar los apellidos de ambos progenitores, en el orden que ellos acordaran, o solo uno si así lo decidían. Además, en caso de desacuerdo sobre el orden, un juez debería intervenir para resolver la cuestión. Sin embargo, hasta la fecha, el Parlamento italiano no ha legislado una norma que regule esta cuestión, lo que ha generado cierta confusión y debate público. «En lugar de crear problemas con apellidos compuestos o elecciones eternas, simplifiquemos: que sea el de la madre», insistió Franceschini en redes sociales. Para él, es una forma de «devolver identidad» a las mujeres tras «milenios de patriarcado». El Partido Democrático ha cerrado filas en apoyo de su senador Franceschini. Anna Rossomando, vicepresidenta del Senado, calificó la propuesta de «batalla de civilización». Laura Boldrini, expresidenta de la Cámara de Diputados, añadió: «Es inaceptable que las madres sigan siendo borradas». También la ecologista Luana Zanella, de la Alianza Verdes-Izquierda, respaldó la idea, aunque reconoció: «Será una lucha cuesta arriba». Pero no todos en la oposición aplauden. Alessandra Maiorino, del Movimiento 5 Estrellas, la tachó de 'chiste'»: «No se combate una discriminación milenaria con otra». Carlo Calenda, líder centrista de Azione, se mostró escéptico y preguntó: «¿No hay otras prioridades?». La reacción de la coalición de derechas que lidera la primera ministra, Giorgia Meloni, fue inmediata. Matteo Salvini, líder de la Liga y vicepresidente, ironizó en X: «Prioridades de la izquierda: borrar a los papás. ¿Así solucionamos todo?». Federico Mollicone, diputado de Hermanos de Italia, el partido fundado por Giorgia Meloni, fue más lejos: «Esto no es igualdad, es pasar del patriarcado al matriarcado». Lavinia Mennuni, del mismo partido, aseguró: «Es una idea extraña y alejada de la realidad». Hasta los aliados moderados en la coalición, como Forza Italia (FI), tacharon la idea de «provocación». Pierantonio Zanettin, senador de FI, advirtió: «Una ley no puede romper abruptamente con la tradición. El exceso genera rechazo». Mientras los políticos se enzarzan en un áspero debate, los italianos muestran posiciones divididas. Según La Repubblica, por ejemplo, en la capital siciliana Palermo, solo el 3% de los recién nacidos llevan hoy ambos apellidos. Para Giulia D'Aleo, socióloga, «el cambio es lento, pero imparable: las nuevas generaciones ven esto como una cuestión de dignidad, no de ideología». En redes sociales, el hashtag #CognomeMaterno es tendencia. «Finalmente se reconoce que los hijos no son propiedad del padre», escribe @MariaRoma82. Otros, como @PadreAntonio, replican: «¿Borrarán también a los abuelos? La familia es una cadena». Franceschini sabe que su propuesta difícilmente prosperará en un Parlamento controlado totalmente por la derecha. Pero, con elecciones regionales en el horizonte, que serán muy importantes, la batalla del apellido sirve para marcar diferencias. Mientras la izquierda apela a un feminismo con un cambio simbólico, la derecha moviliza a su base con el fantasma de la «familia bajo amenaza».
En un país donde el 95% de los hijos heredan automáticamente el apellido paterno, una propuesta legislativa ha desatado un vendaval político, con indignación de la derecha. Dario Franceschini, senador del Partido Democrático, izquierda, exministro de Cultura, presentará en los próximos días un proyecto de ley para que los recién nacidos lleven exclusivamente el apellido de la madre. La iniciativa, que él define como un «acto de justicia histórica para compensar a las mujeres», ha reabierto heridas culturales y enfrentado a una Italia dividida entre progresismo y conservadurismo. Franceschini, durante muchos años una figura clave en el poder y en la oposición, argumenta que asignar el apellido materno corrige una desigualdad arraigada: «Durante siglos, los hijos llevaron el apellido del padre, una práctica que no solo tuvo valor simbólico, sino que fue fuente de disparidad de género». Su propuesta llega tres años después de que el Tribunal Constitucional declarara inconstitucional la norma que impedía a los padres registrar a sus hijos con el apellido materno. En 2022 el Tribunal Constitucional italiano dictaminó que la práctica de asignar automáticamente el apellido paterno a los hijos era «discriminatoria y lesiva» para su identidad. La Corte estableció que los niños deberían llevar los apellidos de ambos progenitores, en el orden que ellos acordaran, o solo uno si así lo decidían. Además, en caso de desacuerdo sobre el orden, un juez debería intervenir para resolver la cuestión. Sin embargo, hasta la fecha, el Parlamento italiano no ha legislado una norma que regule esta cuestión, lo que ha generado cierta confusión y debate público. «En lugar de crear problemas con apellidos compuestos o elecciones eternas, simplifiquemos: que sea el de la madre», insistió Franceschini en redes sociales. Para él, es una forma de «devolver identidad» a las mujeres tras «milenios de patriarcado». El Partido Democrático ha cerrado filas en apoyo de su senador Franceschini. Anna Rossomando, vicepresidenta del Senado, calificó la propuesta de «batalla de civilización». Laura Boldrini, expresidenta de la Cámara de Diputados, añadió: «Es inaceptable que las madres sigan siendo borradas». También la ecologista Luana Zanella, de la Alianza Verdes-Izquierda, respaldó la idea, aunque reconoció: «Será una lucha cuesta arriba». Pero no todos en la oposición aplauden. Alessandra Maiorino, del Movimiento 5 Estrellas, la tachó de 'chiste'»: «No se combate una discriminación milenaria con otra». Carlo Calenda, líder centrista de Azione, se mostró escéptico y preguntó: «¿No hay otras prioridades?». La reacción de la coalición de derechas que lidera la primera ministra, Giorgia Meloni, fue inmediata. Matteo Salvini, líder de la Liga y vicepresidente, ironizó en X: «Prioridades de la izquierda: borrar a los papás. ¿Así solucionamos todo?». Federico Mollicone, diputado de Hermanos de Italia, el partido fundado por Giorgia Meloni, fue más lejos: «Esto no es igualdad, es pasar del patriarcado al matriarcado». Lavinia Mennuni, del mismo partido, aseguró: «Es una idea extraña y alejada de la realidad». Hasta los aliados moderados en la coalición, como Forza Italia (FI), tacharon la idea de «provocación». Pierantonio Zanettin, senador de FI, advirtió: «Una ley no puede romper abruptamente con la tradición. El exceso genera rechazo». Mientras los políticos se enzarzan en un áspero debate, los italianos muestran posiciones divididas. Según La Repubblica, por ejemplo, en la capital siciliana Palermo, solo el 3% de los recién nacidos llevan hoy ambos apellidos. Para Giulia D'Aleo, socióloga, «el cambio es lento, pero imparable: las nuevas generaciones ven esto como una cuestión de dignidad, no de ideología». En redes sociales, el hashtag #CognomeMaterno es tendencia. «Finalmente se reconoce que los hijos no son propiedad del padre», escribe @MariaRoma82. Otros, como @PadreAntonio, replican: «¿Borrarán también a los abuelos? La familia es una cadena». Franceschini sabe que su propuesta difícilmente prosperará en un Parlamento controlado totalmente por la derecha. Pero, con elecciones regionales en el horizonte, que serán muy importantes, la batalla del apellido sirve para marcar diferencias. Mientras la izquierda apela a un feminismo con un cambio simbólico, la derecha moviliza a su base con el fantasma de la «familia bajo amenaza».
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