De su vida en San Sebastián a su condena a prisión: la vida de Óscar Jaenada más allá del cine
El intérprete se encuentra promocionando 'Punto Nemo', la nueva serie de Prime Video que protagoniza.

En Óscar Jaenada confluyen muchas etiquetas como actor: de prestigio, ganador del Goya, polémico, autodidacta, estrafalario, metódico, honesto, progresista, nómada, multicultural, antimilitarista, singular... Un todoterreno de la interpretación que igual se puede meter en la piel de Camarón de la Isla, Cantinflas o del padre de Luis Miguel—provocando en dichos casos desde controversias por su elección hasta admiración por el resultado— que aprovechar sus amistades en Hollywood como Penélope Cruz para aparecer en un pequeño papel en una de las entregas de Piratas del Caribe. Y ahora, ser el protagonista de la nueva serie que Prime Video estrena este viernes 28 de marzo.
El intérprete es el principal reclamo de Punto Nemo, un thriller de ciencia ficción que recibe su título del conocido lugar del océano que se encuentra más alejado de cualquier tierra firme —en el Pacífico— en el que comparte pantalla con nombres tan notables de nuestra industria como Alba Flores, Najwa Nimri o Maxi Iglesias, entre otros. Y se encuentra de plena promoción, de ahí que recientemente haya acudido, por ejemplo, a La revuelta con su compañera de reparto madrileña.
Allí ha hablado de una de las cosas que más feliz le hacen: vivir en Donosti. El intérprete, aunque nacido en Esplugues de Llobregat, en Barcelona, ya lleva varios años residiendo en Igueldo, un conocido barrio de la capital guipuzcoana ubicado en el monte del mismo nombre. Y eso que su vida ha pasado por multitud de lugares y rincones del planeta, normalmente por motivos laborales.
Cuando nació, hace casi 50 años —los cumple en mayo—, su primera etapa vital estuvo absorbida por la ciudad condal, donde aprendió a amar el cine del brazo de su abuelo. Después de dar sus primeros pasos en el mundo del teatro, prefiriendo prescindir de escuelas dramáticas, se trasladaría a Madrid, donde trabajaría en una conocida cafetería hasta que pudo comenzar a encadenar pequeños papeles en conocidas series de principios de milenio.
Tras descollar gracias a Noviembre, la cinta de Achero Mañas con la que recibió su primera nominación al Goya y que le adjudicó esa imagen iconoclasta, radical y algo excéntrica que todavía pervive en él, pasó a ser un habitual de Javier ya no vive solo. Y ahí paró en seco. "Yo trabajé en una serie con Emilio Aragón y me di cuenta de lo que podía pasar con la popularidad y no renové mi trabajo en la serie, y eso que en aquellos momentos el dinero me hubiera venido muy bien porque vivíamos de alquiler. Creía que la carrera tenía que ser lógica y coherente", confesó para El Mundo sobre si temía no poder salir a la calle por el éxito.
"Pero eso no va a ocurrir. Nunca he tenido coche, siempre he ido en metro. Yo he paseado con Benicio del Toro por Nueva York sin ningún problema. Nadie se acercaba; eso sí, si mirábamos para atrás, la gente estaba parada, mirando. Hay un respeto. Yo ni soy famoso ni lo quiero ser. Lo que quiero, deseo y pretendo es ser respetado. Otra cosa es la fama de televisión, en donde ves al actor en calzoncillos sentado en el sofá y llegas a creer que el actor es tu primo. Si te ven en el cine, tienen que arreglarse para ir a verte y encima pagar y eso conlleva un respeto", añadió.
Porque Jaenada decidiría poco después de aquello irse de España, probando suerte tanto en la industria sudamericana como en Los Ángeles, donde se acabó afincando y desde donde comenzó a realizar proyectos que le han llevado a viajar por todo el mundo: Costa Rica, Tokio, México, Nueva Zelanda, Tenerife, Hawái, San Francisco... Y, de nuevo, volver a su vida en San Sebastián. "La perfección también se encuentra en una tarde en Donosti, de pintxos y potes, dando una vuelta por el Paseo Nuevo y, simplemente, ver cómo rompen las olas...", llegó a reconocer para la revista Traveler.
"Allí me jubilaré. Del País Vasco no me sacan ni con pala. Yo soy catalán, mi mujer madrileña, mi hijo vasco, vivo en San Sebastián y tengo la oficina en América. Voy y vengo. Esta multiculturalidad es la que me ha hecho ser el actor que soy", reveló para El Nacional. Se refería, por aquel entonces, a Aran, el hijo que tuvo en febrero de 2011 junto a su entonces pareja, la también actriz donostiarra Bárbara Goenaga, con quien estuvo saliendo desde el 2000 hasta el 2012 y que luego reharía su vida junto al político Borja Sémper.
Sin embargo, de su actual pareja, a pesar de haber asistido a varias alfombras rojas con ella, se desconoce el nombre. Eso sí, ambos dieron la bienvenida a un bebé, el segundo hijo del actor, en 2023, si bien, celoso como es de su vida privada, no han trascendido su nombre. Únicamente que viven en la ciudad vasca, con vistas al mar y que, fiel a sus ideales, como le demostró a David Broncano, Óscar prefiere los productos de cercanía y suele ir a comprar a una cooperativa en la zona donde vive.
El intérprete, que cuenta con varias amistades a este —Leiva, al que llama 'hermanito' o Sergio Peris-Mencheta— y al otro lado del Atlántico, como el matrimonio de Penélope Cruz y Javier Bardem, Jordi Mollá o Johnny Depp, y que ha trabajado con grandes nombres como Sylvester Stallone, Steven Soderbergh o Blake Lively, no se ha librado, eso sí, de algún que otro problema con la justicia.
Fue en la primavera de 2018 cuando el Juzgado de lo Penal número 11 de Valencia condenó al actor a una pena de seis meses de prisión por falsificar el título oficial de Patrón de Embarcación de Recreo (PER) en una escuela náutica. Eso sí, debido a que reconoció los hechos —admitió ser conocedor de que una escuela fraudulenta facilitaba la obtención del título sin que la persona fuera al examen— y al ser su primer delito el de falsedad en documento oficial, la condena se le sustituyó por 12 meses de multa con cuota diaria de 10 euros. En total, 3.600 euros que pagó en su momento.