De amor sagrado

Es un directo y el video empieza con Charly sentado frente a sus pianos, secándose la transpiración con una toalla, diciendo “yo soy Charly, yo soy Charly”. Después anuncia el nombre de la canción, el público grita y arranca. Lanza unas primeras notas en el piano, suena el sintetizador que da comienzo a la introducción... Leer más La entrada De amor sagrado aparece primero en Zenda.

Mar 26, 2025 - 06:20
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De amor sagrado

Abro YouTube con el fin de buscar algunas canciones de Charly García para compartir con un amigo que no conoce su música. Sin necesidad de poner nada en el buscador, me aparecen en la pantalla de inicio varios videos de Charly. La primera canción que sale es “El día que apagaron la luz”, junto a Maria Gabriela Epumer, Diego Murray, Mariela Chintalo y Mario Serra, en el Teatro Coliseo el año 2001.

Es un directo y el video empieza con Charly sentado frente a sus pianos, secándose la transpiración con una toalla, diciendo “yo soy Charly, yo soy Charly”. Después anuncia el nombre de la canción, el público grita y arranca. Lanza unas primeras notas en el piano, suena el sintetizador que da comienzo a la introducción y entonces Charly se levanta dando palmas y sale a pasearse por el escenario.

El público aplaude, la banda arranca al palo, Charly baila, agarra la guitarra y se manda un solo caminando hacia la gente. Después se acerca al micrófono y comienza a cantar: “En estos días que están pasando / yo sé muy bien que me estás buscando”. Se saca la guitarra e inmediatamente un chico la recoge, mientras Charly le hace señas a otro para que le acerque el bajo. A los pocos segundos se lo cuelga y lo empieza a tocar. Tira unas notas largas y graves, y sigue cantando. Al llegar al estribillo, inclina el micrófono hacia María Gabriela Epumer y canta mirándola a ella.

"Muchas de las adolescentes del nuevo milenio ya estábamos familiarizadas con el grupo porque marcó la época hippie de nuestros viejos y durante la infancia crecimos escuchando sus hits"

Después se vuelve al público, sacude la cabeza, levanta un brazo y la gente corea, “paralizando la tierra el día que apagaron la luz”. Vuelve al rincón desde donde toca tres de sus seis pianos sin quitarse el bajo del hombro. Como si todos los instrumentos fueran parte de su cuerpo. Canta en varios micrófonos sin moverse de la silla, extendiendo su torso de un lado a otro de los teclados. Luego revolea el bajo, se ríe y se entrega de lleno al piano frente a María Gabriela. Hace una seña sin dejar de tocar y las luces se posan sobre ella, en un estrado, por encima de todos, con su guitarra, radiante e inolvidable pionera del rock argentino.

La canción pertenece a Sinfonía para adolescentes (2000), el disco que 25 años después volvió a juntar a Sui Generis, el primer grupo que formó Charly García junto a Nito Mestre a principios de los años 70. Para entonces, muchas de las adolescentes del nuevo milenio ya estábamos familiarizadas con el grupo porque marcó la época hippie de nuestros viejos y durante la infancia crecimos escuchando sus hits. Pero ese disco llegó a nuestra generación en un momento de rebeldía y así, Charly se volvió también más nuestro.

Casi veinte años después, la escritora, dramaturga y actriz argentina Camila Fabbri eligió el título de esa canción de Charly para darle nombre a su primera novela. En “El día que apagaron la luz”, Fabbri narra los días previos y posteriores a la tragedia que marcó a quienes éramos adolescentes en diciembre de 2004: el incendio provocado por una bengala durante el recital del grupo Callejeros en la sala de conciertos República de Cromañón. Aquella noche murieron 194 personas, en su mayoría jóvenes. Fue un acontecimiento que supuso el fin de la adolescencia para muchas de nosotras, porque como canta Charly, se nos paralizó y oscureció un poco el mundo.

"Charly responde sin altivez ni humildad, con la neutralidad y la certeza de quien explica y hace algo porque sencillamente es lo que tiene que hacer"

Ni bien acaba la canción, la reproducción automática pasa a otro video: una entrevista en el café concert “La Bola Loca”. El Charly de pelo largo que vemos tiene 24 años y presenta su segundo proyecto musical, La Máquina de Hacer Pájaros, grupo clave para el rock progresivo en la escena musical latinoamericana de los años 70 del que también formaron parte los músicos Óscar Moro, Carlos Cutaia, Gustavo Bazterrica, José Luis Fernández, Ana María Quatraro y Héctor Dengis.

El entrevistador le pregunta al joven Charly si lo que hace es una búsqueda, una nueva música, un nuevo sonido o ¿qué es? El músico responde sin rodeos, cruzado de piernas, fumando un cigarro: “Es una nueva música”. Y luego agrega: “Creo que es una música muy de acá, muy de este lugar y que tiene una proyección a futuro”. A continuación le pregunta por el género musical. El artista responde de forma directa y sin inmutarse: “Música popular”.

Charly responde sin altivez ni humildad, con la neutralidad y la certeza de quien explica y hace algo porque sencillamente es lo que tiene que hacer. Desde sus inicios supo que estaba en este mundo para hacer música, de hecho comenzó a hacerla con apenas tres años. Tiempo después, en la casa de los padres de Charly, durante un encuentro con el emblemático guitarrista del folclore argentino Eduardo Falú, descubrirían que el pequeño Carlos García tenía oído absoluto.

"Conviene tener presente las enseñanzas del maestro García, porque sigue siendo necesario resistir en la poesía, mantener viva la memoria y decir en voz alta: Nunca más"

Absoluto y omnipresente, narrador innato de la historia del país, Charly atraviesa los huesos y vertebra la cultura argentina. Su versión del himno nacional suena en las escuelas desde 1991. Muchas generaciones crecimos escuchándola en la infancia, y a medida que nos hicimos mayores descubrimos a través de sus canciones la importancia de la memoria de un país. Para mí cada 24 de marzo, fecha en la que se conmemora el golpe de estado de 1976 y se homenajea a las víctimas de la dictadura, tiene como banda sonora la música de Charly.

De alguna manera, tal vez sin siquiera proponérselo, nos enseñó a hacer memoria y a entender la importancia de ese ejercicio colectivo tan necesario para comprendernos, pensarnos y construirnos como sociedad. No es casualidad que en muchas de las películas del cine argentino que abordan la última dictadura militar del país tengan sus canciones de banda sonora. La primera de ellas fue La Noche de los Lápices (1986), de Héctor Olivera, donde suena “Rasguña las piedras”, y entre las más recientes también lo escuchamos en Argentina, 1985 (2022), de Santiago Mitre, donde suena “Inconsciente colectivo”, y en El Rapto (2023), de Daniela Goggi, donde los protagonistas cantan “No te dejes desanimar”.

Otra de las cosas que nos enseñó Charly es la importancia de la poesía. Dice Mara Favoretto en su libro Charly en el país de las alegorías: Un viaje por las letras de Charly García (2014): “La ambigüedad, la polisemia y la aparente falta de coherencia en las letras de Charly, así como su eficacia al integrar un diálogo entre política, poesía y música, se deben al uso extensivo de las alegorías”. La alegoría fue uno de los recursos que utilizó el músico como herramienta para evitar la censura de sus canciones.

"Luis Alberto Spinetta dijo una vez que era una de las canciones de Charly que le hubiera gustado escribir, pero no solo a él, añadió, también a Lennon y a McCartney"

Hoy, 49 años después del golpe de estado de 1976, mientras el actual gobierno argentino pone en duda la cifra de desaparecidos, lleva a cabo un plan económico neoliberal con muchas similitudes al que puso en marcha Martínez de Hoz durante la dictadura de Videla, arremete contra la cultura nacional y saca a la calle a todas las fuerzas del estado para reprimir con gases lacrimógenos, tanques hidrantes y pelotas de goma a los jubilados y a quienes salen a manifestarse, conviene tener presente las enseñanzas del maestro García, porque sigue siendo necesario resistir en la poesía, mantener viva la memoria y decir en voz alta: “Nunca más”.

La que no se salvó de la censura fue la canción “Viernes 3 AM”. Se trata de un tema incluido en el álbum La grasa de las capitales, publicado en 1979, el segundo disco de Serú Girán, el grupo que formó Charly junto a David Lebón, Pedro Aznar y Óscar Moro después de La Máquina de Hacer Pájaros. Es sin duda una de sus canciones más admiradas, y fue censurada por “incentivar al suicidio”.

Comienza así: “La fiebre de un sábado azul / y un domingo sin tristezas / esquivas a tu corazón / y destrozas tu cabeza / Y en tu voz, sólo un pálido adiós / y el reloj en tu puño marcó las tres”. La versionaron desde Os Paralamas hasta Nathy Peluso. Fito Páez, aprendiz y compañero musical y de aventuras de Charly, la cantó en varias ocasiones solo y también a dúo con Joaquín Sabina. Luis Alberto Spinetta dijo una vez que era una de las canciones de Charly que le hubiera gustado escribir, pero no solo a él, añadió, también a Lennon y a McCartney.

"Después de que Argentina se rindiera en la guerra de las Malvinas, con una dictadura agónica, Charly y Mercedes Sosa se volvieron a encontrar en el estadio Ferro Carril Oeste"

La música y la cultura fueron fundamentales también en la transición hacia la democracia argentina. El regreso de Mercedes Sosa en febrero de 1982, después de cuatro años de exilio, marcó de alguna manera el comienzo del fin. Entre los invitados que compartieron escenario alguna de las trece noches de conciertos en el teatro Coliseo con la Negra estuvo sin dudas Charly, con quien cantó “Cuando ya me empiece a quedar solo”.

El mismo año, después de que Argentina se rindiera en la guerra de las Malvinas, con una dictadura agónica, Charly y Mercedes Sosa se volvieron a encontrar en los escenarios el 26 de diciembre en el estadio Ferro Carril Oeste. Un concierto clave para el inicio de la carrera del Charly solista, donde presentó su disco Yendo de la cama al living, con el que se convirtió en el primer músico del rock argentino en tocar en un estadio de fútbol. Esa noche despidieron el año y la dictadura cantando ante más de treinta mil personas.

Años más tarde publicaron el disco Alta Fidelidad: Mercedes Sosa canta Charly García (1997). En un momento en el que la prensa se ensañó con Charly y la vida del músico se volvió conflictiva y mediática, la Negra se puso de su lado y sacaron juntos una obra icónica. A lo largo de 12 canciones que recorren la obra de Charly, Mercedes Sosa se apodera de las letras de García con la elegancia de su voz y la verdad de su presencia, superando con creces el reto que supuso para ella enfrentarse a nuevos instrumentos, nuevos códigos de trabajo y nuevos ritmos. “Nunca he sentido tanta paz como con él. Hace años que me venía preparando para este disco, entrando no en el mundo del rock, sino en el universo de Charly”, diría en aquel tiempo la cantante reconocida como “la voz de Latinoamérica”.

"El músico levanta con el pie una bandera argentina arrojada desde el público, se la pone al hombro, revolea el micrófono y se desparrama en un sofá rojo"

La siguiente canción que me tira YouTube es la versión épica de “Seminare” en el Quilmes Rock del año 2004. Charly entregado al público, con un pantalón negro con rayas de colores, a pecho descubierto, mojado, con los ojos pintados de rojo, se sienta al piano y grita: “no llueve, escupen”. Con una mano sostiene el micrófono, con la otra toca los primeros acordes de la canción y empieza a cantar. De repente, se sube a la cola del piano, dice “esta es la fiesta”, y se pone de pie en lo alto del instrumento.

La banda empieza a tocar, y Charly canta: “Vas aquí, vas allá pero nunca te encontrarás al escaparte”. Luego se arrodilla bajo la lluvia, sobre el piano y le pone el micrófono al público, la gente grita bajo la lluvia “no hay fuerza alrededor”; Charly pide luz para que iluminen el estadio porque es un espectáculo delirante y hermoso, y el público canta: “No hay pociones para el amor, ¿dónde estás? ¿Dónde voy?”.

De camino a los instrumentos del escenario principal, el músico levanta con el pie una bandera argentina arrojada desde el público, se la pone al hombro, revolea el micrófono y se desparrama en un sofá rojo. Sigue tocando el piano y cantando. Se pone el brazalete de Say no more, hace un brindis chocando dos vasos de vidrio que se vuelven añicos entre sus manos y sigue. La gente agita bajo la lluvia, Charly se ríe, se divierte, lo da todo.

"Con el fin de evocar los años de la dictadura, Charly pensó en tirar muñecos al Río de la Plata desde varios helicópteros"

Inmediatamente después salta el video de la canción “Alguien en el mundo piensa en mí”, una grabación del 27 de febrero de 1999, el día que Charly hizo historia con una convocatoria récord que se dice convocó a más de 300 mil personas. El concierto formó parte del ciclo Buenos Aires Vivo 3, y fue organizado por el gobierno porteño, que por aquellos años llevaba a cabo festivales gratuitos con importantes músicos nacionales.

Sin dudas aquel espectáculo marcó la historia del rock argentino. Previo a llevarse a cabo también generó ciertas tensiones por la propuesta pensada por el músico para la apertura del show. Con el fin de evocar los años de la dictadura, Charly pensó en tirar muñecos al Río de la Plata desde varios helicópteros, idea que finalmente no fue llevada a cabo porque generó revuelo con las Madres de Plaza de Mayo y los medios de comunicación.

De ese concierto mítico de tres horas nació un disco con 18 temas, Demasiado ego (1999). Escribió Carlos Polimeni en una crítica para el suplemento cultural Radar: “Demasiado ego es un noble registro de lo que García puede dar sobre un escenario en noches excepcionales, en las que todo funciona en su derredor”.

La canción que me salió de aquella noche mítica, “Alguien en el mundo piensa en mí”, pertenece al disco Say No More (1996), un disco que marcó una nueva era creativa y con ello una transformación en Charly. Dijo el periodista y escritor Roque Di Pietro: “La idea Say No More fue el vehículo que Charly inventó para encarar la metamorfosis más profunda de su carrera”.

"A sus 71 años, Charly nos sigue dando el privilegio de escucharlo, de conectar con sus ideas, con su música, con su ser tan único, extraordinario y luminoso con todas sus sombras"

Esta etapa destaca por la experimentación y por la forma de trabajo que él mismo definió como constant concept. En palabras de Di Pietro: “el constant concept también puede referir a la obsesión de Charly García en esos años por estar la mayor parte del tiempo enfrascado en su música. Aniquiló la vida social, eliminó la separación entre lo privado y lo público. Subir al escenario era una continuación lógica y natural de su vida cotidiana en su departamento. Es decir, él mismo, no importa dónde estuviera, se convirtió en su obra maestra”.

Este mes de marzo se acaban de cumplir 25 años de uno de los acontecimientos con los que Charly demostró que no es un simple ser humano más sobre el mundo. Muchas personas jamás tuvimos dudas, pero él quiso dejarlo claro y estrenó el cambio de siglo saltando desde el balcón de un noveno piso a la pileta del Hotel Aconcagua de Mendoza. En una entrevista dijo que el salto fue una declaración de principios. Cuenta la fotógrafa Nora Lezano que Charly le confesó que lo que en verdad le dio miedo fue no sentir miedo de tirarse.

Hace menos de un año salió su último disco, La lógica del escorpión (2024). A sus 71 años, Charly nos sigue dando el privilegio de escucharlo, de conectar con sus ideas, con su música, con su ser tan único, extraordinario y luminoso con todas sus sombras. En referencia al título, dijo en una entrevista: “La lógica del Escorpión es que… ¡no hay lógica! Es suerte”, sin dudas aludiendo a la película de Orson Wells Mr. Arkadin, porque si algo ha dejado claro el músico a través de los años, es su pasión por el cine. Basta escuchar con un poco de detenimiento sus canciones para comprobar que están llenas de audios de films clásicos.

"Es el día de su cumpleaños número 58 y lo celebra arriba del escenario, igual que celebró sus 70 en 2021, cantando con la gente"

Detengo por fin la reproducción automática con el fin de encontrar una última canción. Escribo su nombre en el buscador y entre las opciones que me ofrece la predicción, me decido por “Rezo por vos”, una canción que compuso junto a Luis Alberto Spinetta en 1984. El primer video que me aparece es el del concierto subacuático, otro concierto histórico, esta vez del año 2009, el año que Charly volvió a los escenarios después de un periodo alejado por problemas de salud.

“Este es el primer concierto subacuático del mundo”, diría al comienzo del show aquella noche que la lluvia se hizo tempestad y gloria. El video comienza con Charly vestido con un poncho blanco en homenaje a Mercedes Sosa, que acababa de morir. “Bueno, un año menos”, dice. Luego agita la mano y el público grita. Es el día de su cumpleaños número 58 y lo celebra arriba del escenario, igual que celebró sus 70 en 2021, cantando con la gente.

En el libro de Fernando García 100 veces Charly: Historias esenciales de un genio en llamas, el guitarrista Gustavo Bazterrica, amigo de Charly y de Spinetta, cuenta que la historia de la canción y del proyecto que tuvieron los músicos de trabajar juntos nació de una tarde de los años 80 en que Bazterrica llevó a Charly a la casa de Spinetta. Los dejó solos con un I-Ching y durante la tirada de cartas se repitió el hexagrama 11, conocido como “la paz”. De ahí nació “Rezo por vos”.

"Un milagro que siempre sonará en muchos corazones con sus voces entrelazadas para siempre. Apenas arranca el arpegio inicial, el público salta, agita y corea"

Grabaron juntos otras dos canciones, pero no pudieron seguir. “Era bárbaro”, reconoció Charly en una entrevista. Pero además de sus diferencias a la hora de trabajar, ambos se asustaron cuando la noche que estrenaron la canción en el programa Cable a tierra de Canal 7, se produjo un incendio en la casa de Charly. Resulta que el músico había dejado grabando el programa en su videocasetera y un cortocircuito acabó en incendio. Episodio que fue interpretado, se dice, como una señal de malos augurios.

La noche del concierto subacuático de 2009 en el estadio José Amalfitani fue, si no la última, quizás la penúltima vez que el flaco y Charly cantaron “Rezo por vos” juntos. Un milagro que siempre sonará en muchos corazones con sus voces entrelazadas para siempre. Apenas arranca el arpegio inicial, el público salta, agita y corea.

La lluvia arde en la melodía, Charly al piano, Luis Alberto a la guitarra. Charly lo mira al flaco y sonríe con la luz de las sonrisas cómplices. Se miran, Charly le hace un gesto con la cabeza y Spinetta, con su voz siempre joven, siempre tierna, siempre melancólica y alegre, arranca: “La indómita luz se hizo carne en mí y lo dejé todo por esta soledad”.

Charly parece sentir la canción como si la cantara por primera vez y grita: “Y quemé las cortinas y me encendí de amor”. Luego los dos, mirándose, sonriendo, siguen: “Y curé mis heridas y me encendí de amor”. Y el público y todas las personas que alguna vez cantamos esta canción, gritamos: “De amor sagraaaaaado”.

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