Cómic o barbarie, Madrid se lee en viñetas: "Es un arte de lectura ágil y capaz de expresar sólo con imágenes narrativas muy profundas"
Hace más de una década, Vicente Molina Foix la lio parda declarando, con sobradez de columnista calentón, no sólo que no tenía feeling por el cómic, sino...

Hace más de una década, Vicente Molina Foix la lio parda declarando, con sobradez de columnista calentón, no sólo que no tenía feeling por el cómic, sino que el auge del tebeo y su homologación a la literatura era como decir que los juegos de mesa deberían optar a una plaza en el Moma. La ahora llamada 'novela gráfica' encarnaba para el escritor un entretenimiento menor. Al poco, y oliendo Vicente la chamusquina de las antorchas calentando su puerta, rectificó. No del todo, claro, pero sí dio un pasito atrás. La lapidación popular -metafórica- no salía a cuenta.
De haber Foix predicado sus tesis en el Pabellón 1 del Matadero de Madrid, este viernes 28 de marzo, hubiera salido a pedrada limpia. Esta vez sí: literalmente. No escurría el bulto ni con el arte para el disfraz de Mortadelo. A esa crítica ceniza se le dio la extremaunción hace lustros, y la primera edición de la Feria del Cómic de Madrid lo demuestra. Si no lo hizo ya la asunción popular a la existencia de un Premio Nacional del Cómic en 2007. Allá cuando Foix se rebotaba. Sea como fuere, las historietas, el comix, la novela gráfica, el tebeo, el manga o el fanzine están de moda. Mejor dicho, nunca ha dejado de estarlo. Prueba de ello son los muchos veteranos que defienden este arte a colmillo vivo. Una marabunta apasionada que no teme pasar horas haciendo cola para rescatar la firma de sus autores predilectos. Ni apiñarse frente a las casetas como si regalaran jamones.
Infinity Cómics, Alcalá Cómics, Cómics Generación X, La Guarida... Son muchas las librerías que despliegan sus viandas en esta ceremonia del dibujo. Y todavía más los devotos que presentan sus respetos al sacramento. Fanáticos de toda la vida, como Rodrigo, que busca el autógrafo de Daniel Torres, historietista de cuerpo presente y mano dispuesta en la cita. "Me gusta el cómic desde siempre. En especial el europeo y el canadiense. Como Seth. Aunque también estadounidense, como Chris Ware", asegura con temple apacible. Preguntado por lo que se diría el boom que ha justificado la organización de una feria propia del género, Rodrigo afirma que hay una "influencia del cine. El cómic es visual y eso conecta".
Felipe, dinámico caballero con una clamorosa afición por el relato visual, salta atarantado cuando se menciona la presuposición del cómic como algo pueril. "¿Qué has salido, de los ochenta? Eso ya no tiene sentido. Mira a tu alrededor. Si el cómic es de viejos...", dice entre risueño y hostil. Hecho el barrido visual, efectivamente, Felipe está en lo cierto. La demografía es, en su mayoría, curradita. Y primordialmente masculina. Lo que no es óbice para que también haya bastantes mujeres y jóvenes. Esto no es un seminario de incels veteranos, gracias a Dios. "Yo me inicié con los cómics de El Víbora”, prosigue Felipe. “Y ya entonces los consideraba un arte propio. El cómic es cómic y punto. Sin comparar".
Si Molina Foix se cruzara con este devoto en el supuesto de su predicado anti-historietista, pinta que le regalaría un collejón. Por si fuera poco, Felipe ahonda en una crítica con mucho sabor a las que se destripan cuando un arte ha alcanzado tal estatus, que se le puede juzgar ‘vendido’. "Lo que nos quejamos ahora algunos es que, desde que llegó la 'novela gráfica', esto se ha gentrificado. La gente se piensa que “Maus” o “Persépolis” son lo único, y están sobrevalorados". Una santificación que Felipe compara con decirse cinéfilo y declarar sólo fanatismo por Tarantino. "Oye, que están muy bien, pero no es lo único. Ya vale de adanismos", concluye antes de sacar de una bolsa, como si fuera un manuscrito iluminado, el cómic: “La isla de los perros”, de Keko. "Esto no lo encuentras en ningún lado", culmina.
Desde la 'novela gráfica', se ha gentrificado. La gente se piensa que “Maus” o “Persépolis” son lo único, y están sobrevalorados
Craig Thompson está firmando ejemplares, y Paloma lleva un rato esperando su turno. Ha venido a hacerle un favor a su colega, Guillermo Contreras, fanático de los cómics con una cuenta en Instagram dedicada al género llamada "La banda del cómic". Pero Paloma no es sólo una emisaria. También es fan. "Me encantan Juanjo Guarnido, Teresa Valero o Paco Roca. Son cómics historicistas con críticas hacia, por ejemplo, la política de los Estados Unidos en los años 40, o el choque cultural de hacer cine en la España franquista". Para esta joven, preguntada por las razones de su pasión: "El cómic es una cuestión de espacio. Hay un aspecto artístico. Es una lectura ágil, capaz de expresar sólo con imágenes narrativas muy profundas. Sin necesidad de diálogo". Además, para Paloma, el espacio es importante y la literatura puede descargarse en un formato digital, lo que le hizo en su día aficionarse al coleccionismo de las historietas que son “un objeto artístico en sí mismo”.
El cómic es una cuestión de espacio. Hay un aspecto artístico. Es una lectura ágil, capaz de expresar sólo con imágenes narrativas muy profundas. Sin necesidad de diálogo
¿Saben la clásica lección materna que advierte sobre lo malo del prejuicio? Lo que es de primero de parvulitos y no suele aplicarse ni el tato, se presta imprescindible en esta Feria del Cómic de Madrid. Uno presupondría que una joven de rosadas mechas, rostro perla y outfit negro declararía su pasión por el manga. Lo que se viene llamando otaku. Un término antaño peyorativo colgado del cuello de quien siente una devoción bizarra por la cultura japonesa y que hoy es todo un orgullo democratizado. Sin embargo, Fani, la susodicha joven con reflejos de remolacha, se declara admiradora de la novela gráfica, habiendo comenzado por los norteamericanos e investigando ahora a los autores patrios. Nada huele a ramen. "Me gustan muchos tipos de cómic. De hecho, estoy estudiando cómic. Con 9 o 10 años despertó mi interés el tendero del barrio con cosas como “Clase letal”, por ejemplo. Fue una introducción muy bonita". Cuando se le pregunta a Fani por los motivos de esta afición continuada, la historietista en barbecho lo tiene claro: "Juega mucho con el medio. Se puede incluso rompe la cuarta pared, o mezclar estilos. Es un género muy libre".
Pero la libertad tiene un precio. No todo el mundo puede pagar los peajes, bien sea por suerte, circunstancia o talento, de los cielos gráficos. Son estepas muy exclusivas. A Francisco Asencio lo alaban una docena de cómics editados. Está firmando su última obra: “Sombras de Aokigahara”, un relato de terror coral parido a varias manos inspirado en el bosque de los suicidas de Japón.
"El cómic me apasiona, pero no me ofrece una economía suficiente como para sólo vivir de ello”, confiesa Asensio cuando se le pregunta por la vida del historietistas. “Vengo del mundo del fanzine. Estoy en esto desde siempre, pero es que esto del cómic yo lo comparo con el fútbol. Tienes unos pocos que son estrellas, y el resto que deben compaginar su talento y afición con otras labores". Eso contando con que Asencio se considera: "muy mercenario. Trabajo en todos los temas. Desde divulgación, hasta historia u horror". Cosa que lo halaga. Quién puede torear en todas las plazas es porque domina el capote.
Esto del cómic yo lo comparo con el fútbol. Tienes unos pocos que son estrellas, y el resto que deben compaginar su talento y afición con otras labores
Hablando de fanzines... ¿Dónde están esos piscolabis libérrimos que fundaron movimientos políticos y musicales como el punk? ¿Qué fue de esos tráficos subterráneos que construyeron el pensamiento crítico en una época sin internet ni redes sociales? Natalia, una de las capitanas en la caseta de Territorio Fanzine de la Feria del Cómic de Madrid, es parte de la cooperativa de editoriales como Zasca Cómic o NEUH presentes en el encuentro. "Contra lo que se imagina, el fanzine hoy está muy vivo. Gracias a las redes sociales ha habido una mayor capacidad de autogestión". Un término clave, de hecho. Autogestión. Eso era el fanzine y sigue siéndolo. Una localidad anárquica organizada en torno a los valores de la originalidad que asoma con renovado orgullo en un contexto digital que se diría alérgico a lo analógico del género. "El fanzine te permite mezclarlo todo. Collage, cómic, diario, ensayo... Es una toma de contacto con el momento. Un termómetro social capaz de actualizarse muy rápido. Un verdadero laboratorio social de creatividad". Cuando algo se hace por pasión desaforada, y sin tener que rendir cuentas gracias a la autoedición, es cuando emerge lo mejor o lo peor. Confiemos en que en el Territorio Fanzine de la Feria del Cómic sólo tengan de lo primero.
Decir que el cómic es una forma elevada de arte sería hoy una perogrullada. Lejos de críticas al auge mainstream, es un hecho que desde la novela gráfica hasta el fanzine el mundo de la viñeta merece admiración y respeto. Una devoción cristalizada en la euforia colectiva que domina la Feria del Cómic de Madrid, que entre aficionados y curiosos promete convertirse en una cita de obligado cumplimiento anual.