Un terremoto llamado YSY A sacude Madrid
Desde Buenos Aires hasta Madrid hay un océano. Pero este jueves, bastaron unos acordes para que esa distancia se evaporara. YSY A cruzó el charco y no solo trajo música: trajo una energía volcánica que convirtió el Movistar Arena en una extensión del under porteño. El resultado fue brutal. Como un terremoto. Como una fiesta. Una declaración de principios. YSY A, el pibe de Villa del Parque que hace tiempo dejó de ser promesa, irrumpió en escena como un vendaval. No hizo falta más que un verso para que el lugar estallara. Empezaba la misa del descontrol. Desde el primer tema, se armó la mística. Pibes y pibas en modo guerra: eyeliner corrido, mullets sudados, Nike Air Max destrozadas. Camisetas de Messi ondeando entre pogos como si se jugara la final del Mundial. No se bailaba: se sobrevivía. Buenos Aires y Madrid, unidos por la música y el quilombo. Con su estilo inconfundible que funde trap y tango, YSY A ofreció un show vibrante, que mantuvo al público en movimiento constante. Lo que sucedió ahí no se mide con palabras, sino con pulsaciones. Con litros de transpiración. Con esa certeza de estar en el lugar exacto en el momento del derrumbe. Sonaron bombas (o poemas) de todos sus discos. Hubo tangos sampleados, barras afiladas, gritos de guerra. Momentos de trap puro, otros de tango distorsionado, e incluso pausas íntimas para tomar aire. Los invitados —Natos, Sixto Yegros, RVFV— no rompieron el hechizo: lo reforzaron. Profetas secundarios que llegaban a confirmar el mensaje. No hubo hemisferios ni acentos. Solo un idioma: el del beat, el del sudor, el de una emoción sin pasaporte. El trap —ese que en YSY A se mezcla con tango y herida— encontró en Madrid un nuevo barrio. Nadie pagó por un espectáculo: pagaron por esa energía. Por ese fuego que solo existe cuando lo que haces te mueve de verdad. Salir del Movistar Arena costó. No por la multitud, sino por la sensación. Ese vértigo dulce que queda después de algo que te desarma un poco. Nadie hablaba de géneros. Nadie decía "trap", "freestyle" o "underground". Porque lo que ocurrió ahí dentro no fue un escaparate de etiquetas: fue música de verdad. De esa que no necesita explicación. Que se mete en el cuerpo y lo sacude. De esa que, aunque no sepas por qué, te hace sentir más vivo. Eso que pasó en Madrid no se sube a Spotify. No entra en un clip. Pero queda. Todo lo que hagan en la vida con amor y por mero amor les va a traer un montón de cosas buenas después Súmate a Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos. hazte socio
Desde Buenos Aires hasta Madrid hay un océano. Pero este jueves, bastaron unos acordes para que esa distancia se evaporara. YSY A cruzó el charco y no solo trajo música: trajo una energía volcánica que convirtió el Movistar Arena en una extensión del under porteño. El resultado fue brutal. Como un terremoto. Como una fiesta. Una declaración de principios. YSY A, el pibe de Villa del Parque que hace tiempo dejó de ser promesa, irrumpió en escena como un vendaval. No hizo falta más que un verso para que el lugar estallara. Empezaba la misa del descontrol. Desde el primer tema, se armó la mística. Pibes y pibas en modo guerra: eyeliner corrido, mullets sudados, Nike Air Max destrozadas. Camisetas de Messi ondeando entre pogos como si se jugara la final del Mundial. No se bailaba: se sobrevivía. Buenos Aires y Madrid, unidos por la música y el quilombo. Con su estilo inconfundible que funde trap y tango, YSY A ofreció un show vibrante, que mantuvo al público en movimiento constante. Lo que sucedió ahí no se mide con palabras, sino con pulsaciones. Con litros de transpiración. Con esa certeza de estar en el lugar exacto en el momento del derrumbe. Sonaron bombas (o poemas) de todos sus discos. Hubo tangos sampleados, barras afiladas, gritos de guerra. Momentos de trap puro, otros de tango distorsionado, e incluso pausas íntimas para tomar aire. Los invitados —Natos, Sixto Yegros, RVFV— no rompieron el hechizo: lo reforzaron. Profetas secundarios que llegaban a confirmar el mensaje. No hubo hemisferios ni acentos. Solo un idioma: el del beat, el del sudor, el de una emoción sin pasaporte. El trap —ese que en YSY A se mezcla con tango y herida— encontró en Madrid un nuevo barrio. Nadie pagó por un espectáculo: pagaron por esa energía. Por ese fuego que solo existe cuando lo que haces te mueve de verdad. Salir del Movistar Arena costó. No por la multitud, sino por la sensación. Ese vértigo dulce que queda después de algo que te desarma un poco. Nadie hablaba de géneros. Nadie decía "trap", "freestyle" o "underground". Porque lo que ocurrió ahí dentro no fue un escaparate de etiquetas: fue música de verdad. De esa que no necesita explicación. Que se mete en el cuerpo y lo sacude. De esa que, aunque no sepas por qué, te hace sentir más vivo. Eso que pasó en Madrid no se sube a Spotify. No entra en un clip. Pero queda. Todo lo que hagan en la vida con amor y por mero amor les va a traer un montón de cosas buenas después Súmate a Apoya nuestro trabajo. Navega sin publicidad. Entra a todos los contenidos. hazte socio
Publicaciones Relacionadas