Sábado de vía crucis, de tradición y recogimiento en las calles de Sevilla

El sábado de Cuaresma se vivió con intensidad en la ciudad, con un ambiente propio de los días grandes. Las calles, a rebosar de gente, fueron testigo de una jornada marcada por la devoción y el fervor. La temperatura primaveral, sin rastro de nubosidad, invitaba a recorrer los rincones del casco antiguo y los barrios, donde se celebraban hasta cinco vía crucis. A ello se sumaban los besamanos , donde la cercanía con las imágenes sagradas conmovía a los fieles. Mientras tanto, en las casas de hermandad y templos, se sigue poniendo la puesta a punto para preparar la cofradía, con las última papeletas de sitio o montajes para la inminente Semana Santa. La tarde comenzó en la Puerta Real con el vía crucis del Cristo de la Redención, titular de esta hermandad de gloria. La imagen, iluminada por la luz dorada del atardecer que entraba por Alfonso XII, avanzó con la serenidad propia de estos actos de piedad por la feligresía. Los hermanos, con recogimiento y fervor, portaron al Señor hasta la parroquia de San Vicente, donde celebraron la eucaristía. Tras la ceremonia, el cortejo emprendió el camino de regreso a su capilla. Como colofón, este domingo la venerada talla de Antonio Joaquín Dubé de Luque estará expuesta en besapiés. Esta semana en Santa Marina se vive con intensidad, marcada por los cultos en honor al Señor de la Resurrección, que culminan con la función principal de instituto en el domingo Laetare, el domingo de la alegría. Pero, entre tanto, la hermandad protagonizó uno de los momentos más emotivos de estos días con el vía crucis de la Virgen del Amor. El culto, presidido una sencilla cruz, recorrió parte de la calle San Luis en una tarde cargada de hermandad y devoción. El itinerario llevó al cortejo por lugares de especial significado, pasando junto al colegio de La Salle, donde se encuentran sus raíces fundacionales, para continuar hasta la iglesia de San Luis y desembocar finalmente en San Marcos. Uno de los instantes más curiosos de la jornada se produjo a su paso por esta última parroquia. En su interior, un concierto llenaba el templo de música sacra y, en el preciso momento en que la Virgen del Amor pasaba por la puerta, sonaban los acordes de 'Cristo del Amor', creando una hermosa coincidencia que quedará en la memoria de quienes lo vivieron. Otra curiosidad es que, al rezarse una estación, el cortejo era comprimido para que todos los hermanos participantes en el culto rezarán lo más cerca posible de las andas, el fin para lo que se crearon. Muy cerca de Santa Marina, la hermandad de la Lanzada celebraba su vía crucis, que en esta ocasión tuvo un carácter extraordinario. El motivo no era menor: la visita del Cristo de la Lanzada a la parroquia de San Andrés, conmemorando los 25 años desde que Santa Marta saliera por última vez desde San Martín. Un emotivo gesto de fraternidad que dejó estampas para el recuerdo. En el interior del templo esperaba Francisco de los Reyes, acompañado por el hermano mayor de las dos hermandades de la parroquia. El crucificado recorrió con solemnidad las naves del templo, realizando primero una visita a la hermandad de Araceli y, a continuación, a Santa Marta. Un encuentro cargado de simbolismo, en el que la memoria y la devoción se entrelazaron en un momento histórico, en un culto externo sin apenas cortejo, para los hermanos pudieran acompañar a su titular. Tampoco faltaron los vía crucis en los barrios, donde la devoción se hizo presente con la misma intensidad. En San José Obrero, el Cristo de la Caridad recorrió las calles en su último culto antes de la esperada estación de penitencia. Una hermandad que, prácticamente durante todo el año, mantiene viva su actividad y compromiso con la comunidad. El recogimiento marcó cada instante del cortejo , envuelto en un clima de oración profunda. Los cantos de los hermanos y feligreses, elevándose en forma de plegarias tras el Señor, imprimieron aún más solemnidad a una tarde donde la fe se hizo sentir en cada rincón del barrio. El último en salir fue el Cristo de la Salud de San Bernardo, recorriendo el antiguo arrabal en una cita ineludible del calendario cuaresmal. Su vía crucis, impregnado de la esencia del barrio, es una auténtica delicia para quienes lo contemplan, una manifestación de fe que parece haber estado presente desde siempre en estas calles. San Bernardo, con su aire de pequeño pueblo dentro de la ciudad, mantiene viva su identidad gracias a la devoción arraigada de sus vecinos. Y es la hermandad, junto a la parroquia, la que sigue avivando esa llama añeja que da sentido a cada rincón del barrio. Afortunadamente, en San Bernardo , poco cambia, por ser una hermandad con el estilo y la personalidad muy marcada, una corporación clásica, con un funcionamiento propia de épocas antiguas y, con una devoción tremenda en torno al Cristo de la Salud. Este fin de semana, el de laetare, es el que demuestra esta corporación con la elegancia que la caracteriza.

Mar 30, 2025 - 01:57
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Sábado de vía crucis, de tradición y recogimiento en las calles de Sevilla
El sábado de Cuaresma se vivió con intensidad en la ciudad, con un ambiente propio de los días grandes. Las calles, a rebosar de gente, fueron testigo de una jornada marcada por la devoción y el fervor. La temperatura primaveral, sin rastro de nubosidad, invitaba a recorrer los rincones del casco antiguo y los barrios, donde se celebraban hasta cinco vía crucis. A ello se sumaban los besamanos , donde la cercanía con las imágenes sagradas conmovía a los fieles. Mientras tanto, en las casas de hermandad y templos, se sigue poniendo la puesta a punto para preparar la cofradía, con las última papeletas de sitio o montajes para la inminente Semana Santa. La tarde comenzó en la Puerta Real con el vía crucis del Cristo de la Redención, titular de esta hermandad de gloria. La imagen, iluminada por la luz dorada del atardecer que entraba por Alfonso XII, avanzó con la serenidad propia de estos actos de piedad por la feligresía. Los hermanos, con recogimiento y fervor, portaron al Señor hasta la parroquia de San Vicente, donde celebraron la eucaristía. Tras la ceremonia, el cortejo emprendió el camino de regreso a su capilla. Como colofón, este domingo la venerada talla de Antonio Joaquín Dubé de Luque estará expuesta en besapiés. Esta semana en Santa Marina se vive con intensidad, marcada por los cultos en honor al Señor de la Resurrección, que culminan con la función principal de instituto en el domingo Laetare, el domingo de la alegría. Pero, entre tanto, la hermandad protagonizó uno de los momentos más emotivos de estos días con el vía crucis de la Virgen del Amor. El culto, presidido una sencilla cruz, recorrió parte de la calle San Luis en una tarde cargada de hermandad y devoción. El itinerario llevó al cortejo por lugares de especial significado, pasando junto al colegio de La Salle, donde se encuentran sus raíces fundacionales, para continuar hasta la iglesia de San Luis y desembocar finalmente en San Marcos. Uno de los instantes más curiosos de la jornada se produjo a su paso por esta última parroquia. En su interior, un concierto llenaba el templo de música sacra y, en el preciso momento en que la Virgen del Amor pasaba por la puerta, sonaban los acordes de 'Cristo del Amor', creando una hermosa coincidencia que quedará en la memoria de quienes lo vivieron. Otra curiosidad es que, al rezarse una estación, el cortejo era comprimido para que todos los hermanos participantes en el culto rezarán lo más cerca posible de las andas, el fin para lo que se crearon. Muy cerca de Santa Marina, la hermandad de la Lanzada celebraba su vía crucis, que en esta ocasión tuvo un carácter extraordinario. El motivo no era menor: la visita del Cristo de la Lanzada a la parroquia de San Andrés, conmemorando los 25 años desde que Santa Marta saliera por última vez desde San Martín. Un emotivo gesto de fraternidad que dejó estampas para el recuerdo. En el interior del templo esperaba Francisco de los Reyes, acompañado por el hermano mayor de las dos hermandades de la parroquia. El crucificado recorrió con solemnidad las naves del templo, realizando primero una visita a la hermandad de Araceli y, a continuación, a Santa Marta. Un encuentro cargado de simbolismo, en el que la memoria y la devoción se entrelazaron en un momento histórico, en un culto externo sin apenas cortejo, para los hermanos pudieran acompañar a su titular. Tampoco faltaron los vía crucis en los barrios, donde la devoción se hizo presente con la misma intensidad. En San José Obrero, el Cristo de la Caridad recorrió las calles en su último culto antes de la esperada estación de penitencia. Una hermandad que, prácticamente durante todo el año, mantiene viva su actividad y compromiso con la comunidad. El recogimiento marcó cada instante del cortejo , envuelto en un clima de oración profunda. Los cantos de los hermanos y feligreses, elevándose en forma de plegarias tras el Señor, imprimieron aún más solemnidad a una tarde donde la fe se hizo sentir en cada rincón del barrio. El último en salir fue el Cristo de la Salud de San Bernardo, recorriendo el antiguo arrabal en una cita ineludible del calendario cuaresmal. Su vía crucis, impregnado de la esencia del barrio, es una auténtica delicia para quienes lo contemplan, una manifestación de fe que parece haber estado presente desde siempre en estas calles. San Bernardo, con su aire de pequeño pueblo dentro de la ciudad, mantiene viva su identidad gracias a la devoción arraigada de sus vecinos. Y es la hermandad, junto a la parroquia, la que sigue avivando esa llama añeja que da sentido a cada rincón del barrio. Afortunadamente, en San Bernardo , poco cambia, por ser una hermandad con el estilo y la personalidad muy marcada, una corporación clásica, con un funcionamiento propia de épocas antiguas y, con una devoción tremenda en torno al Cristo de la Salud. Este fin de semana, el de laetare, es el que demuestra esta corporación con la elegancia que la caracteriza.