Mario Casas demuestra en el Festival de Málaga lo bien que le sienta el cine de autor
El actor brinda su interpretación más íntima y natural en ‘Molt Lluny (Muy lejos)’ la ópera prima de su coach, Gerard Oms

A veces hay que irse lejos para encontrarse a uno mismo. Separarnos de aquellos que nos impiden ser lo que anhelamos, deseamos, sabemos que somos y no nos atrevemos a reconocer. Esa idea es tan central en esta ópera prima que se estrena el próximo 11 de abril tras su paso por el Festival de Málaga, que, de hecho, su título no es otro que Molt lluny, "muy lejos" en catalán.
Muy lejos es donde acaba Sergio, un aficionado del Espanyol que aprovecha un viaje a un partido en Utrecht para quedarse allí e iniciar una nueva vida. Atrás queda su casa en Catalunya, sus padres, ese hermano que intuye mejor que nadie las razones de ese autoexilio, aunque Sergio insista en los estragos de la crisis de 2008.
Molt lluny es la crónica de esa estancia en Países Bajos, la de su búsqueda y autoconocimiento, la de su viaje interior de la masculinidad más violenta y hasta homófoba a la reconciliación con una sexualidad hasta entonces reprimida. Pero es también el retrato de un país de acogida racista, que mira por encima del hombro a los extranjeros, algo pocas veces mostrado en el cine español.
Es un relato demasiado específico, plagado de detalles como esas poesías catalanas en el Instituto Cervantes, como esas bicicletas robadas o perdidas en un mar de bicicletas idénticas, como para no ser autobiográfico. Y, según nos ha contado su director Gerard Oms en la entrevista publicada en el último número de CINEMANÍA, este es, precisamente, un recuento íntimo y personal del viaje que emprendió él mismo tras la crisis de 2008 para buscarse a sí mismo.
Molt lluny destaca por su puesta en escena naturalista, por su fotografía en tonos azules, fría, apagada, como son los días en el norte de Europa, por su uso de la música diegética, a través sobre todo de ese compañero de piso que toca incesantemente el violonchelo.
Pero, sin duda, el plato fuerte de esta ópera prima son las interpretaciones, como no podría ser de otra forma siendo su director un conocidísimo coach de actores que ha trabajado con Ana Wagener, Bárbara Lennie, Marta Nieto o el propio Mario Casas, su amigo, que fue quien le animó a llevar su historia a la pantalla.
Oms consigue de Mario Casas su mejor interpretación hasta la fecha, la más natural, la más íntima, amparada por el marco de un cine de autor que el actor no había frecuentado hasta la fecha. De igual forma, brillan a su alrededor las interpretaciones de Raúl Prieto (todavía no le conocemos un trabajo malo a este actor al que sin duda querríamos ver más) y David Verdaguer, que ni con su simpatía inherente consigue hacer amable a ese catalán perpetuamente enfurruñado y huraño al que da vida.
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