Al llegar a casa enciendes el televisor y sin ningún afán comienzas a ver lo primero que emiten. Las horas y el cansancio de la jornada no te dejan fuerza para abanderarte como el espíritu crítico que se te presupone durante el resto del día. Las escenas y, sobre todo, los personajes fluyen ante ti en una danza hipnótica que en poco tiempo te llevará a la cama para caer en los brazos de Morfeo. A la mañana siguiente, después de que tu cerebro haya asimilado sin barreras lo visto la noche anterior, te subes en el coche y enciendes la radio. Los tertulianos hablan sobre política. No pueden hacer otra cosa porque la actualidad es la que es, una...
Ver Más