Educación-producción-trabajo: la eterna medicina frente a la prestidigitación económica

Los tiempos cambian. Es un hecho que puede tener un significado tanto fausto como infausto. Antes los niños podían jugar libres en la vereda. ¿Hoy dejás solo a tu hijo en ese lugar? Tiempo atrás era parte de los códigos y jerga criminal decir “soy ladrón, no asesino”. Hoy parece cambiar la regla al ver que se dispara a la cabeza primero para robar después. Ya no existe la distinción de barrios peligrosos porque todas las ciudades en zona urbana o suburbana lo son. Los semáforos son un decorado ya que el 99,99 % de las motos lo pasan en rojo (sin casco, sin luces, sin patente) con el resultado de accidentes permanentes que vemos en toda la geografía de las grandes ciudades. Todos estos elementos señalarían que podemos estar ante una situación de “colapso social”, fundamentalmente observable en el conurbano y que no podrían ser solucionados en el corto plazo, pero sí en el largo plazo.Es central comprender una idea: el desarrollo es sordo al corto plazo. No se puede ni podrá pensar el progreso y bienestar si alineamos aquella búsqueda al corto plazo de los ciclos políticos que se presentan recurrentes con elecciones cada dos años.Por eso sostendremos que hay que cambiar el paradigma sobre el que se construye el sistema político e institucional y no solo el económico como se insiste en cada gobierno. Cambiar de relato no es cambiar de paradigma. Por eso seguimos muy enfermos en debates coyunturales sin concentrarnos en cambios profundos que solo son viables en el largo plazo.Algunas enfermedades:Hoy las instituciones -esto es dramático- son cajas corporativas; los políticos juegan a que se oponen unos a otros, en algunos casos, mientras otros saltan de alambrado para pasar de un campo político a otro sin ponerse colorados.Si encendemos la TV en los programas donde se sentaban el filósofo Santiago Kovadloff, la escritora Beatriz Sarlo (recientemente fallecida) y el constitucionalista Daniel Sabsay; podremos ver a diario a youtubers y a influencers. En la Corte Suprema de Justicia de la Nación Raúl Alfonsín propuso a los más relevantes juristas del país sin refutación de esa cualidad, baste recordar a Genaro Carrió y Carlos Fayt, entre otros. Hoy con fórceps se quiere designar a un juez federal de primera instancia sin antecedentes académico-científicos que lo validen, amén del muy bajo concepto que la comunidad jurídica tiene de él.Las enfermedades argentinas son graves desde hace muchas décadas. Nada nuevo se puede decir en esto. Solo que la anomia social + corrupción y degradación institucional potencian la profundidad de la decadencia. El riesgo de explosión es continuo; el colapso social señalado afila esa espada de Damocles.A estos problemas estructurales sumamos la violencia verbal, gestual desde la cima del poder político dirigida a los actores sociales y económicos en forma abstracta. Escopetazos al cielo sin importar si se matan cóndores o pájaros carroñeros. La calificación de “periodistas ensobrados” a los de mayor reconocimiento nacional e internacional deja en claro la preferencia por aquellos que solo preguntan lo que se les ordena que pueden o no preguntar.Las agresiones sistemáticas al sector industrial contrastan con la recepción y promoción de personas que con un mensaje logran sustraer a incrédulos más de U$S 110 millones en minutos.¿Cuál sería el estímulo para confiar en el futuro e invertir si te dicen ladrón cuando antes y después, con el gobierno anterior y con este, debés levantarte cada día para ver como pagás la quincena para mantener abierta la pyme? ¿Cómo arriesgarse a competir con fronteras abiertas manteniendo impuestos que elevan costos que los competidores externos no tienen? ¿Cómo jugarse a sostener la inversión y planes de negocios de largo plazo si la seguridad jurídica depende del estado de ánimo de los gobernantes y su entorno?Medicina sí, prestidigitación económica no.Nunca fue magia. No se invierte y produce con relato distributivo ni con fuerzas del cielo. Veamos el vademécum validado en todos los países desarrollados que han sostenido la prosperidad por décadas:-La economía siempre, y más desde las revoluciones industriales, progresó con instituciones sólidas y confiables dentro de un país, sumando la posibilidad de establecer acceso y ventajas tecnológicas. Así se describe con larga evidencia empírica por los premios Nobel 2024 Daron Acemoglu y James Robinson en el libro Por qué fracasan los países. Aquí se explica con claridad y lenguaje que todos podemos apreciar, que la economía y su éxito está atada al modelo institucional que cada país supo cultivar. En este punto vamos contramano en la actualidad.- Desde la posguerra de 1945, la reconstrucción de las economías bajo un sistema capitalista heterogéneo se centró en el cuidado de la cohesión social ya que no se podía permitir romper, fracturar, el tejido social de las naciones en crisis como si ocurrió en 1918 al finalizar la primera gran guerra. Desde 1945 la cooperación y resurgir de las instituciones de la democrac

Mar 27, 2025 - 04:53
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Educación-producción-trabajo:  la eterna medicina frente a la prestidigitación económica

Los tiempos cambian. Es un hecho que puede tener un significado tanto fausto como infausto. Antes los niños podían jugar libres en la vereda. ¿Hoy dejás solo a tu hijo en ese lugar? Tiempo atrás era parte de los códigos y jerga criminal decir “soy ladrón, no asesino”. Hoy parece cambiar la regla al ver que se dispara a la cabeza primero para robar después. Ya no existe la distinción de barrios peligrosos porque todas las ciudades en zona urbana o suburbana lo son. Los semáforos son un decorado ya que el 99,99 % de las motos lo pasan en rojo (sin casco, sin luces, sin patente) con el resultado de accidentes permanentes que vemos en toda la geografía de las grandes ciudades. Todos estos elementos señalarían que podemos estar ante una situación de “colapso social”, fundamentalmente observable en el conurbano y que no podrían ser solucionados en el corto plazo, pero sí en el largo plazo.

Es central comprender una idea: el desarrollo es sordo al corto plazo. No se puede ni podrá pensar el progreso y bienestar si alineamos aquella búsqueda al corto plazo de los ciclos políticos que se presentan recurrentes con elecciones cada dos años.

Por eso sostendremos que hay que cambiar el paradigma sobre el que se construye el sistema político e institucional y no solo el económico como se insiste en cada gobierno. Cambiar de relato no es cambiar de paradigma. Por eso seguimos muy enfermos en debates coyunturales sin concentrarnos en cambios profundos que solo son viables en el largo plazo.

Algunas enfermedades:

Hoy las instituciones -esto es dramático- son cajas corporativas; los políticos juegan a que se oponen unos a otros, en algunos casos, mientras otros saltan de alambrado para pasar de un campo político a otro sin ponerse colorados.

Si encendemos la TV en los programas donde se sentaban el filósofo Santiago Kovadloff, la escritora Beatriz Sarlo (recientemente fallecida) y el constitucionalista Daniel Sabsay; podremos ver a diario a youtubers y a influencers.

En la Corte Suprema de Justicia de la Nación Raúl Alfonsín propuso a los más relevantes juristas del país sin refutación de esa cualidad, baste recordar a Genaro Carrió y Carlos Fayt, entre otros. Hoy con fórceps se quiere designar a un juez federal de primera instancia sin antecedentes académico-científicos que lo validen, amén del muy bajo concepto que la comunidad jurídica tiene de él.

Las enfermedades argentinas son graves desde hace muchas décadas. Nada nuevo se puede decir en esto. Solo que la anomia social + corrupción y degradación institucional potencian la profundidad de la decadencia. El riesgo de explosión es continuo; el colapso social señalado afila esa espada de Damocles.

A estos problemas estructurales sumamos la violencia verbal, gestual desde la cima del poder político dirigida a los actores sociales y económicos en forma abstracta. Escopetazos al cielo sin importar si se matan cóndores o pájaros carroñeros. La calificación de “periodistas ensobrados” a los de mayor reconocimiento nacional e internacional deja en claro la preferencia por aquellos que solo preguntan lo que se les ordena que pueden o no preguntar.

Las agresiones sistemáticas al sector industrial contrastan con la recepción y promoción de personas que con un mensaje logran sustraer a incrédulos más de U$S 110 millones en minutos.

¿Cuál sería el estímulo para confiar en el futuro e invertir si te dicen ladrón cuando antes y después, con el gobierno anterior y con este, debés levantarte cada día para ver como pagás la quincena para mantener abierta la pyme?

¿Cómo arriesgarse a competir con fronteras abiertas manteniendo impuestos que elevan costos que los competidores externos no tienen? ¿Cómo jugarse a sostener la inversión y planes de negocios de largo plazo si la seguridad jurídica depende del estado de ánimo de los gobernantes y su entorno?

Medicina sí, prestidigitación económica no.

Nunca fue magia. No se invierte y produce con relato distributivo ni con fuerzas del cielo. Veamos el vademécum validado en todos los países desarrollados que han sostenido la prosperidad por décadas:

-La economía siempre, y más desde las revoluciones industriales, progresó con instituciones sólidas y confiables dentro de un país, sumando la posibilidad de establecer acceso y ventajas tecnológicas. Así se describe con larga evidencia empírica por los premios Nobel 2024 Daron Acemoglu y James Robinson en el libro Por qué fracasan los países. Aquí se explica con claridad y lenguaje que todos podemos apreciar, que la economía y su éxito está atada al modelo institucional que cada país supo cultivar. En este punto vamos contramano en la actualidad.

- Desde la posguerra de 1945, la reconstrucción de las economías bajo un sistema capitalista heterogéneo se centró en el cuidado de la cohesión social ya que no se podía permitir romper, fracturar, el tejido social de las naciones en crisis como si ocurrió en 1918 al finalizar la primera gran guerra. Desde 1945 la cooperación y resurgir de las instituciones de la democracia moderna hicieron que Alemania y Japón fueran locomotoras que empujaron las economías de Europa y el sudeste asiático: inversión de largo plazo; desarrollo de nuevas tecnologías y procesos de producción; articulación público-privada e integración a la economía global. Un sistema de mejora continua para aumentar la productividad donde intelectuales marcaron el ritmo de las estrategias competitividad: entre muchos, Kiichiro Toyoda, Peter F. Drucker, y ahora en nuestro tiempo Frederic Laloux.

- Hoy vivimos un cambio de era empujados por la “sostenibilidad y la innovación” para adaptarnos al futuro que será inexorable más allá de los vaivenes coyunturales de líderes mundiales tan peligrosos como exóticos. Las nuevas tecnologías, la IA, la filosofía colaborativa como forma de construir valor y mejorar la competitividad brindan oportunidades a las empresas con emprendedores dispuestos a abrir los ojos y la mente al cambio y las nuevas ideas. En este sentido, más oportunidades para mejorar los viejos modelos de negocios y emprender nuevos están a la vista. La industria, el agro, tienen futuro con estas visiones, no ya separadas sino además integradas. Articulación, integración y alianzas de empresas y sectores productivos son el futuro independientemente de las políticas coyunturales -pero no sostenibles- de algunos gobiernos actuales.

- La necesidad de recuperar el sistema educativo primario de carácter civilizatorio. La universidad es y debe ser una elite intelectual de acceso social igualitario para asegurar una institución de la inteligencia y creatividad y no una casta. Pero la base de todos los países exitosos en la historia ha sido -especialmente desde la revolución industrial- la aplicación del sistema de instrucción primaria masivo y universal. EEUU y la Argentina fueron la prueba. Sarmiento y Alberdi solo están presentes hoy como slogan cuando deberían estarlo como parte de una gesta a favor de una fusión estratégica entre educación y economía.

- Una sociedad educada con una escuela primaria fuerte es básica para recuperar cohesión, humaniza y es vacuna contra lo que hoy vemos en la calle: niños y adultos violentos y dispuestos a todo. El reclamo de mayor presupuesto es siempre válido pero en un Estado corrupto esos aumentos se escurren en yates y fiestas de ministros y aparatos políticos construidos y sostenidos desde los lugares donde se esperan mejores leyes.

- El trabajo, también como factor de cohesión social, sería (lo fue antes) el resultado de la fusión entre educación y economía propuesta. Los planes sociales han servido para domesticar a los necesitados y aumentar la perdida de dignidad de estos. Generar trabajo local y de cercanía implicaría asumir desde las estructuras sindicales la necesidad de establecer formas de contratación que estimulen al sector productivo a contratar empleados y no un problema legal que los empuje a veces a la quiebra. Solo aquel que jamás invirtió en una organización productiva ignora la satisfacción que produce sumar empleados y el estrés que genera tener que despedir.

¿Cuántos chicos de 14 años tiene una familia cuyos miembros llevan décadas sin un trabajo? ¿Cuántos adultos estuvieron al margen del mundo de trabajo y solo conocen estar en una esquina pidiendo o juntando cartones para poder comer? ¿Cuántas niños y niñas cooptadas por la droga y la violencia pudieron sostenerse dentro de una escuela o recibir amor y no golpes de su entorno?

El experimento argentino de crear y divulgar como únicas alternativas dos modelos populistas no es sostenible. Hay que recuperar la cordura política y no dejarse llevar por cantos de sirena. Los que hoy parecemos minoría mañana seremos valorados en propuestas razonables. La razón logró siempre en la historia encontrar su lugar luego de la locura. Todo llega, aun en economía y política.

Abogado, Mg. en Economía Circular, Universidad de Burgos, consultor en Normas y Certificaciones para la Adecuación a la Sostenibilidad, Universidad de Salamanca, prof. de Economía Política, Derecho-UNLP.