Cómo debería ser la base del típico gazpacho manchego de Albacete, según Alberto Chicote
En uno de los capítulos del programa que presenta, 'Batalla de restaurantes', el chef madrileño explica cómo debería ser la base perfecta de este plato típico de la zona de Albacete.

Además de Pesadilla en la cocina, Alberto Chicote se cuela en nuestras casas con Batalla de restaurantes, un concurso en el que el chef viaja a diversas ciudades de España para encontrar el local que hace la mejor versión del plato típico de la zona. En uno de los capítulos, el nuevo embajador de INTEROVIC se trasladó a Albacete para dar con el establecimiento que elabora el mejor gazpacho manchego.
Aunque por el nombre puede dar lugar a error, el gazpacho manchego es un guiso caliente típico de la cocina manchega y hecho con ingredientes como el pan ácimo, también conocido como pan cenceño, carne y verduras.
En el programa que se emite en La Sexta, el chef de Omeraki da algunas claves sobre cómo debería ser la base de este guiso que es popular en Albacete, pero también en ciertos puntos de la Región de Murcia y de la Comunidad Valenciana.
Cómo debería ser la base del gazpacho manchego, según Alberto Chicote
Alberto Chicote explica, en el inicio del programa, que el gazpacho manchego es un guiso de Albacete "caldoso" y que "se sirve en caliente, con carnes de caza menor y trozos de torta cenceña con la que también se acompaña".
La torta cenceña es el pan que hemos mencionado anteriormente. Se elabora sin levadura y con una masa hecha con harina, huevo y sal. "Se hacen para espesar el guiso de los gazpachos manchegos, se pueden preparar tanto con harina de trigo blanca como con la integral", explica en su página web el restaurante La Zarzuela.
El gazpacho manchego suele llevar carne, pero hay zonas en las que se le incluye pescado. Esto es común en varios sitios de Alicante, donde también se le conoce como 'gazpacho alicantino'.
En cuanto a su origen, el gazpacho manchego era un plato que solían comer los campesinos de Castilla-La Mancha, que necesitaban consumir un plato contundente que les diera la energía necesaria para afrontar las jornadas de trabajo. Además, tenía que ser elaborado con ingredientes asequibles. Por lo tanto, hablamos de una elaboración con orígenes humilde, al igual que otros ejemplos como las migas de Murcia o los calçots catalanes.