Del futbolista Antonio Puerta al atleta Iván Pajuelo , la muerte tiene un recorrido contradictorio y penoso en el deporte español. Detrás de la tragedia, la soledad y el ocaso repentino se esconde un vacío legal en el afán por llegar a las últimas consecuencias. En España no hay un protocolo establecido para los fallecimientos súbitos, fulminantes o inesperados. Hace un lustro, con José Luis Terreros al mando de la Celad (Comisión española para la lucha antidopaje en el deporte), las autoridades antidopaje intentaron crear, sin éxito, un sistema de actuación para analizar en las autopsias los cuerpos de los deportistas fallecidos. La burocracia, ese manto tan nocivo en el devenir de un país, frenó la iniciativa. El atleta Iván...
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